The Pollo’s Fury (IV) - La batalla perdida -
Al principio Kiwimaku se comportaba igual que el resto de sus congéneres hacia los humanos, pero ocurrieron grandes acontecimientos que hicieron que el pollo se preocupase por la vida de los hombres y decidiese poner un poco de orden en el alocado mundo de tales criaturas.
Fue un día, una tarde de primavera, cuando Kiwimaku se encontraba cerca de la ciudad que aún no se llamaba Ovoleta, porque es más fácil de escribir esto que el nombre antiguo; el momento en el que sucedieron los hechos. Kiwimaku se encontraba en una de las batallas más importantes de la guerra contra los gusanos gordos, en una tarde había conseguido acabar con toda una división de aquellos monstruos, quedando en pie él y el comandante de la división, que más bien se arrastraba, y de vez en cuando hacía como que levantaba la cabeza hacia arriba, pero aún se encontraba en forma para seguir luchando. Llevaban largo rato intentando destruir a su rival, el pollo intentando arrancar el gusano de la tierra y devorarlo, y el gusano intentando coger al pollo y devorarlo, porque, aunque no lo parezca, estudios de los científicos pollo han demostrado que un gusano gordo es capaz de engullir cosas del tamaño de un camión, solo que, para ahorrar energía no suele abrir tanto la boca a no ser que sea estrictamente necesario, y ese era uno de esos momentos.
Llegó un momento en el que habiendo acorralado el pollo a su rival este se lanzó hacia él y cuando estuvo a punto de engullirlo un humano cogió al ave mientras discutía con otro hombre.
-Al mujar wi ruska tu la
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Llegó un momento en el que habiendo acorralado el pollo a su rival este se lanzó hacia él y cuando estuvo a punto de engullirlo un humano cogió al ave mientras discutía con otro hombre.
-Tenga, esto es lo único que le puedo pagar por el impuesto de construcción.
El animal se quedó en blanco. Los pollos nunca habían sido capaces de volar por sí mismos, y en aquel momento vio como el suelo se iba separando lentamente de él, observó como el gusano conseguía huir hacia las entrañas de la tierra mientras horadaba el suelo y en ese momento se dió cuenta de que la guerra que habían estado a punto de ganar se iba a convertir en una lucha que se tornaría eterna.
Kiwimaku levantó su mirada, el hombre que le había cogido pertenecía al pueblo, pero el otro no le resultaba familiar.
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