The Pollo’s Fury (VIII) - El ataque Hipoteca -

Jishu lo vio y recordó todo por el resto de su existencia, había visto a varios hombres ascender al cargo de Emperador de su pueblo, e incluso a alguna mujer, pero nunca, jamás, en todo lo que había vivido imaginó que un pollo, un simple ave de corral pudiese ostentar tal privilegio.

Todo empezó tres días después de que Kiwimaku se fuese a vivir con Akmú. Durante este tiempo el ave había aprendido mucho sobre la quinta especie más inteligente del planeta, delante de la cual solo estaban por delante los pollos, los gusanos gordos, los ratones y los delfines si de inteligencia se trataba. Kiwimaku preguntaba a su huésped por todo aquello que desconocía o no acababa de comprender, y cuando el hombre estaba ya muy cansado y necesitaba dormir el ave se dedicaba a sondear su mente telepáticamente en busca de nuevos conocimientos. Pocos conocen las grandes capacidades mentales de estas increíbles aves, capaces de comprender a un hipnotizador que las somete a la presencia de una llama de fuego ante ellas, haciendo que se mantengan totalmente quietas, si bien es verdad que es el animal el que hipnotiza al hipnotizador y al resto del público para que crean que se está quieto y la llama se mantiene encendida, pues en realidad lo primero que hace el ave es soplar la llama y apagarla y así mantenerse lejos del contacto del cálido elemento.

Fue esta sorprendente habilidad lo que hizo que el ave se convirtiese en Emperador. Al tercer día de compartir su vida con Akmú ya conocía toda la historia referente al pueblo Hipoteca y cómo se ganaban la vida; y ese mismo día un pequeño batallón Hipoteca fue a buscar lo que creía que por derecho era suyo, ya que su último cobrador aún no había regresado. El pequeño grupo de cien guerreros Hipotecas llegó hasta la plaza de la futura ciudad Ovoleta y amenazó con destruirla si no se pagaba cada uno de los impuestos que se adeudaban a su pueblo.

Realmente cien hombres eran muy pocos para amenazar a una ciudad tan grande, pero su pueblo también poseía los derechos de autor sobre las lanzas, flechas, arcos y cuchillos, por lo que casi ningún otro pueblo se podía permitir crear un ejército, y lo poco que podían pagar era para permitir la fabricación de cuchillos; por tanto la gran ciudad que una vez se llamaría Ovoleta corría grave riesgo de ser destruida.

La alarma se corrió por la ciudad, y gran parte de sus habitantes empezó a temer por su vida, por lo que cada hombre, mujer y niño tomó sus posesiones más valiosas y se desplazó hasta la plaza para depositarlo ante sus cobradores. Incluso Akmú recogió todo lo que pudo y fue hasta el lugar, acompañado de Kiwimaku.

El pollo no podía creer semejante injusticia: hombres despojados de sus posesiones más preciadas, mujeres a las que les arrebataban los objetos de primera necesidad y niños que tenían que renunciar a sus muñecos y a sus juguetes de palo que tanto les divertían, Kiwimaku empezó a tener en consideración la maldad de algunos humanos. No podía ser cierto que una raza aparentemente tan insignificante pudiese llegar a ser tan cruel con sus semejantes, y aún más, aún estaba intentando asimilar que por su culpa la guerra contra los gusanos gordos se prolongaría eternamente.

INDICE DE LA HISTORIA

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