The Pollo’s Fury (XI) – Setecientos años
CAPÍTULO 1: HISTORIA ANTIGUA
-¡¡¡¡¡Uaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!!!
El techo de la estructura no pudo con su peso y se abrió un agujero que le hizo caer cinco metros en vertical. Por suerte para él, el suelo estaba cubierto de pequeñas plantas y hojas secas que amortiguaron tan aparatosa caída. Fue una gran impresión, pero cuando se cercioró que no tenía nada roto se levantó con cuidado y encendió la linterna.
La sala era enorme y se encontraba rodeada a ambos lados por innumerables columnas donde se encontraban tallados las figuras de los Emperadores.
-¿Estás bien? – Se oyó desde arriba mientras una cuerda con arnés bajaba por el hueco abierto del techo.
-¡Sí profesor, me encuentro bien! Por cierto, ya sé que suena demasiado típico de película, pero tiene que ver esto.
Jonás Gutiérrez era el ayudante personal del profesor Felipe Juárez, ambos eran estudiosos de la rica historia antigua de su país, que hacía tiempo que se había olvidado. Su principal trabajo consistía en buscar referencias cruzadas en leyendas y escritos antiguos de diversas civilizaciones para luego pasar a la búsqueda de los restos que quedasen de dichas civilizaciones. Hacía tiempo que se encontraban tras la pista de una pequeña ciudad con una curiosa historia religiosa, y posiblemente fuese ésta, aunque no era la primera vez que buscando unas ruinas habían dado con otras completamente desconocidas de las que no tenían ninguna pista.
El ruido molestaba a Jishu, hacía mucho tiempo que no veía a nadie, desde que la ciudad quedó abandonada y empezaron a crecer las plantas por todas partes apenas veía a algún ser vivo que no fuese una planta, hasta que llegó el día en que toda la sala se acabó llenando de plantas y las puertas del palacio habían sido cerradas con un profundo manto verde. Desde aquel entonces todo era silencio y oscuridad, así que para no aburrirse decidió echarse una siesta, dado que las piedras son capaces de dormir continuamente mientras no hay nada interesante a su alrededor, Jishu llevaba durmiendo unos setecientos años. Es por ello que la mayoría de las piedras de nuestro planeta están durmiendo, muy pocas tienen la suerte de vivir cerca de los humanos o de una fuente interesante de acontecimientos que las mantenga atentas y despiertas ante todo lo que pasa. Solamente un puñado se mantiene despiertas casi todo el día, mientras que hay otra que duermen varios días o meses hasta que ocurre algo interesante.
Jishu estaba molesto con la nueva situación, hacía tiempo que no escuchaba algarabía humana, pero por otro lado, estaba contento de tener la suerte de volver a ver a esos curiosos seres. Jishu empezó a hablarles alocadamente, saludando y gritando a los visitantes, pero ellos no le hacían caso, fundamentalmente porque las piedras hablan muy, muy bajito y también, porque aunque le hubiesen escuchado, no entendían el idioma antiguo en el que hablaba, aunque quizás, si le hubiesen oído hubiesen girado su vista hacia el origen de tal ingente cantidad de palabras emitidas con alegría, velocidad y descontrol después de setecientos años de siesta.
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