The Pollo’s Fury (XIII) - Vuelta al campamento

-Eso es…

-Sí, Jonás, es cómo, ¡no sé! como si hubiese habido un pollo que hubiese sido Emperador.

-Entonces eso explicaría porqué todos los escritos antiguos de los pueblos cercanos hablaban de él

-¡Pero nadie se lo creería! ¿Quién va a creerse que un ave de corral fue Emperador del pueblo que destruyó a los Hipotecas? Habría muchas preguntas que no se podrían resolver, como por ejemplo, la comunicación. La única explicación que podría darle es que un chamán hizo creer a la gente que el gallo tenía poderes sobrenaturales y él sería su mediador entre el ave y ellos. Así podría el chamán perfectamente controlar el pueblo usando la voluntad del pollo como excusa. ¡Debemos investigar más!

-¡Pero profesor! ¿Esa no suele ser la estrategia de un tirano? No se suelen utilizar engaños para gobernar un pueblo y luego hacer todo lo mejor por él.

-Por eso lo digo, no tiene sentido. Sería mejor que vayamos al campamento y quizás mañana lo veamos todo más claro.

Los dos hombres volvieron a subir por las cuerdas y desaparecieron por el agujero del techo. Jishu se quedó muy triste, porque no pudo entablar ninguna conversación con ellos, aún recordaba con nostalgia los largos ratos que pasaba hablando y conversando con su amigo Kiwimaku que le contaba todos los secretos de su raza y de su pueblo con la fe de que nunca se perdiese su sabiduría. Aquella fue una gran época, y ahora él era el guardián de la sabiduría de un gran pueblo, pero, aún así, si Jishu se veía en peligro, él tenía la obligación de contar a otras piedras todo lo que le enseñó el pollo que se preocupaba por los humanos.

Estaba anocheciendo, a unos diez minutos, en un claro de la jungla se encontraba un pequeño campamento con diez tiendas y una fogata en el centro donde se estaba preparando la cena: carne de cordero a la brasa, un pequeño capricho que se permitían una vez a la semana para aliviar la fatiga del trabajo de campo. Explorar en busca de ruinas en mitad de la selva era agotador, en cuanto se sale de los caminos hay que ir a pie, y lentamente porque la maleza apenas te deja avanzar, además, hay que tener mucho cuidado con la presencia de animales salvajes, serpientes y algunos insectos venenosos que se encuentran camuflados entre las hojas de los árboles.

-¿Profesor? - Un hombre armado con una escopeta se levantó al escuchar un ruido entre las hojas.

-¡Sí, tranquilo Rodrigo, somos nosotros!

-¡Tiene que tener cuidado profesor! Si no avisa antes lo tomaremos por un animal salvaje y puede llevarse un agujero sin querer. Sabe que tenemos que tener cuidado con los animales de esta zona.

-¡Tranquilo amigo mío! ¡Confío en ti!

-Bueno, gracias - El hombre se sonrojó levemente. A pesar de ir armado era un buen hombre, sólo cumplía con su trabajo. Rodrigo era pequeño y menudo, pero ágil y con una sorprendente fuerza para su estatura. Podía ser muy duro cuando quería, pero el pequeño bigote rubio que llevaba le hacía parecer amable incluso cuando se enrojecía de ira.

-¡Chicos ! -dijo el profesor -¡ tenemos buenas noticias! - lo hemos encontrado. ¡Entramos en el templo Ovoleta!

El pequeño grupo de quince personas que allí se encontraba reunido se quedó sorprendido, algunos habían ido porque tenían interés real en encontrar las ruinas, otros eran estudiantes universitarios no muy interesados en el tema pero que no encontraron mejor manera de evadirse de sus obligaciones y a su vez completar un gran número de horas de libre configuración.

-Mañana volveremos a las ruinas para estudiarlas más detenidamente y buscar algo más por los alrededores, ahora, si me permitís voy a hablar con los inversores de la expedición.

El profesor entró en su tienda, a pesar de trabajar para una universidad pública, parte de los fondos de la investigación estaban financiados por una entidad privada que estaba muy interesada en las ruinas. El profesor Felipe echó mano de una mochila que guardaba junto a su camastro y hurgó en uno de los bolsillos. Allí encontró su cartera, donde se encontraba la tarjeta de la entidad privada. Abrió la cartera y rebuscó entre los papeles hasta que encontró una tarjeta blanca con un gallo marrón con algunas plumas rojas dibujado en ella. En la tarjeta ponía.

“Granja del tío Rigoberto”
Huevos Frescos

Cogió el teléfono vía satélite y se dispuso a marcar.

En la vieja Europa, en España, era ya de madrugada, pero eso no impidió que el teléfono sonara en una vieja casona de una gran granja avícola que se dedicaba a vender huevos. Las instrucciones eran claras, llamar siempre que se hiciese algún descubrimiento, fuese la hora que fuese.

El teléfono sonó dos veces y fue descolgado.

-¿Sí?

-¿Hola? Soy el profesor Felipe Juárez, llamaba porque…

-¡Esperaba su llamada, profesor! ¿Cómo lo lleva?

-¡Oh, muy bien, gracias! Acabamos de descubrir el templo del Emperador Ovoleta.

-¡Me alegro mucho! ¡Dígame! ¿Ha descubierto algo interesante?

-¡Vaya, eh! digamos que podría ser que sí, pero aún no estamos muy seguros de lo que puede ser.

-Déjeme adivinar, ha encontrado algo que indica que un ave de corral fue un Emperador de los Ovoletas.

-Bueno, digamos, que sí - su voz temblaba al otro lado del teléfono - ¿Cómo sabe eso? no se lo he contado a nadie todavía

-Digamos que tengo mis contactos y sé cosas que usted aún no sabe, pero que aún no han de ser reveladas. Si descubre alguna pista más de lo que buscamos, llame.

-Sí, pero, no tengo muy claro todavía qué es lo qué es.

-Para serle sincero, yo tampoco, tengo una leve idea, pero no es seguro ya que no tengo demasiada información, pero es importante que busque en las escrituras antiguas del templo y la ciudad, y a ser posible, interprete todos los dibujos que pueda de los relieves, tome todas las fotos que crea necesarias, es de vital importancia.

-Perdone mi atrevimiento, pero parece como si estuviese hablando de algo muy grave.

-Créame, lo es, pero por ahora no debe saber más. ¡Muchas gracias por su información, y recuerde…!

-¡Sí, es fundamental no llamar la atención, sí lo tengo claro!

La comunicación se cortó. El profesor ya había colgado el teléfono. La figura que se encontraba en las sombras también colgó el teléfono de la casona y se escabulló entre las sombras procurando no hacer ruido para no despertar a Rigoberto que ese encontraba sentado en el sillón roncando profundamente frente a una televisión en la que no paraban de repetir una y otra vez los mismos anuncios de la teletienda.

INDICE DE LA HISTORIA

Comparte el artículo:Estos íconos enlazan con webs de marcadores sociales que permiten a los lectores compartir y descubrir nuevas webs.
  • del.icio.us
  • fresqui
  • meneame

Entradas relacionadas:

  1. The Pollo’s Fury (VII) - El pollo que se hizo amigo de un humano -
  2. The pollo’s Fury (XXIV) - Mundo Pollo
  3. The Pollo’s Fury (V) - Pollo al descubierto -
  4. The Pollo’s Fury (VI) -El pollo ateo-


Related posts brought to you by Yet Another Related Posts Plugin.

Entradas recientes

Deja un comentario