The Pollo’s Fury (XVIII) – Rito espiritual

El viejo chamán siguió soñando y teniendo visiones; esta vez se fue lejos, muy lejos, bueno, no tanto, su espíritu solamente había llegado a la ciudad más próxima, que apenas estaba a diez kilómetros tras unas colinas que se extendían al final de la llanura en la que residía.

Para un espíritu, una ciudad de mitad del desierto a mediados de semana a mitad de la madrugada podría ser más bien poco interesante, pero sólo en apariencia, pues en mitad de la plaza se reunían los espíritus de otros descendientes de nativos americanos, así como de sus antepasados. A todos les gustaba escuchar las historias de los dioses y de los espíritus sagrados que contaban sus ancestros, historias sobre grandes guerreros montados a lomos de búfalos, cazadores que eran compañeros inseparables de feroces pumas; o sobre los acechadores que siempre eran guiados por su leal halcón. A todos les encantaba rememorar aquellos tiempos en que los abuelos de los abuelos de sus abuelos vivían libres en aquella enorme tierra.

Tras las historias de los antepasados, llegaba la hora de la fiesta, todos los espíritus hablaban, reían, entonaban cánticos sagrados y bebían, sobre todo aguardiente, y algunos, los más responsables, licor de menta, sin alcohol, por supuesto.

Risas, parloteo, y canciones, una fiesta de espíritus indios puede ser realmente escandalosa, por suerte, ningún humano puede escucharlos a no ser que tenga percepciones especiales, no así los gatos y los perros amén de otros animales, que durante esa noche no suelen pegar ojo y no paran de ladrar y maullar y hacer ruidos varios como queja ante semejante alboroto. Y ese ruido, sí que lo escucha la gente, y entonces ni los animales ni los humanos duermen, por lo que es bastante probable que una fiesta de espíritus indios sea bastante más escandalosa que si se dedicaran a hacer una fiesta normal en mitad de la plaza del pueblo.

-¡Eh, Puma Gris, ven aquí! – Se escuchó una voz por encima de las demás

El viejo chamán se levantó y se dirigió hacia el origen de la voz. Aquel que lo había llamado se llamaba Caballo Indomable, un gran jefe que había gobernado su tribu hacía ya quinientos años, y del que Puma Gris era descendiente. Caballo Indomable se encontraba sentado en una enorme silla hecha de piedra, adornada con huesos de bisontes, pieles curtidas y plumas de águila. Se habrían necesitado al menos diez hombres para moverla, pero por suerte, también era una visión espiritual.

-¿Qué es lo que os inquieta, Gran Jefe? – preguntó el chamán mientras se sentaba en el suelo frente al abuelo de sus abuelos.

-Eres el último de mis descendientes que ha seguido la tradición de nuestra raza. Tus hijos han abandonado sus raíces y no quieren saber nada de la tierra que una vez les vio nacer. Sin embargo, he de encomendarles una misión, y necesito de vuestra ayuda.

-¿Nuestra? ¿De quién? ¿De mis hijos y mía? – dijo Puma Gris sin ocultar la sorpresa de su rostro

-Sí, exactamente, pero más concretamente de tu hijo Trueno de Media Noche.

-El prefiere que le llamemos Peter – replicó el anciano

-¡Me da igual cómo diga que se llama, para los nuestros se llama Trueno de Media Noche! – gritó enfurecido el espíritu de Caballo Indomable, lo que provocó que los ladridos de los perros de la zona se volviesen lastimeros y asustados – Necesito que me escuches con atención.

Puma Gris asintió, no sin sentir miedo ante la reacción de su antepasado.

-Déjame que te cuente – continuó Caballo Indomable – una historia que me contó mi abuelo:

-¿Y por qué no ha venido él? – Interrumpió Puma Gris

-¡No interrumpas! – bajó el tono y aceleró el ritmo, por lo que se convirtió en un murmullo casi inaudible – ha quedado con Dios para jugar una partida al billar – volvió a su tono normal – Escucha atentamente lo que me dijo mi abuelo:
“Joven Caballo Indomable, escucha atentamente, porque cuando yo me haya ido y tú te hayas ido otros habrán de venir para escuchar esta historia y evitar que sus consecuencias se cumplan.”

“Has de saber que el abuelo de mi abuelo no era de esta tierra, el venía de tierras lejanas, muy al sur, había vivido en una ciudad que se llamaba Ovoleta, y habían conseguido la paz gracias al más grande emperador que nunca tuvieron: Kiwimaku, un emperador sabio y justo que se preocupaba por el pueblo y hacía todo lo posible por mejorarlo. Pero había una peculiaridad, y es que Kiwimaku no era humano. Era un pollo”

“El abuelo de mi abuelo se llamaba Akmú y era el mejor amigo de Kiwimaku, él vio como el pollo se convirtió en el habitante más importante de su ciudad y cómo podía comunicarse con los humanos, manejar objetos a distancia y crear fuego de la nada. Puede que no lo creas, pero él le regaló a mi abuelo una pluma de su cola, y él me la regaló a mí; y ésta pluma otorga el mismo poder que Kiwimaku poseía; se puede hablar con los animales, mover objetos y crear fuego, pero solo en determinadas circunstancias.”

“Entonces yo le pregunté a mi abuelo cómo hacer funcionar la pluma, y me contestó que ella me indicaría cuando estaba preparada para ser usada y que entonces entendería porqué no me dijo cómo usarla. Por suerte, solo la usé una vez.”

“Pero no es la pluma lo más importante, Akmú abandonó su pueblo por petición de su amigo. El ave le dijo que otros de su especie le habían comunicado malas noticias, pero que hasta que no pasasen setecientos años éstas no se cumplirían. Le dijo también que debía buscar un nuevo lugar donde vivir, porque el pueblo donde vivían se degradaría poco a poco tras su muerte, y su descendencia debía ser la encargada de evitar que los malos presagios se cumpliesen.”

“Así Akmú viajó muy al norte hasta asentarse con un antiguo poblado indio, poblado en el que vivimos y así como Kiwimaku se convirtió en un gran líder, él también lo hizo, a pesar de haber sido extranjero, y esta historia ha pasado de abuelos a nietos hasta que el momento de la desgracia se cierna sobre nuestro mundo”

-Y ese es ese momento – siguió Caballo Indomable – han pasado setecientos años desde que Akmú abandonó su poblado, y ahora os toca a ti y a tus hijos, como descendientes que sois de él, el salvaguardar a la raza humana. – extendió su mano derecho sosteniendo una pluma roja – toma, esta es la pluma de Kiwimaku que pasó de generación en generación. Sé como ha de usarse, pero del mismo modo que se ha hecho siempre, has de ser tú mismo el que lo descubra para comprender cuál es su poder. Ésta es la única pista que te puedo dar.

Estaba amaneciendo, los espíritus que había en la plaza habían ido desapareciendo poco a poco, hasta que solo quedaron Puma Gris y el abuelo de su abuelo. Puma Gris cogió la pluma que le tendió su antepasado y se quedó mirando cautelosamente el objeto. Caballo Indomable se desvaneció. Entonces el viejo chamán reaccionó.

-¡Espera! – gritó, pero el espíritu ya se había ido –¡Anoche tuve una visión de….! – su voz se apagó y negó con la cabeza, cabizbajo. Entonces decidió que debía volver.

Volvió a despertar en su cama, esa noche había sido rara, más rara de lo que solía ser para un chamán que tenía visiones y realizaba viajes astrales. Miró su mano derecha y allí tenía agarrada la pluma roja que le había dado su abuelo. Le habían encomendado una misión, pero aún no sabía por donde empezar.

INDICE DE LA HISTORIA

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