The Pollo’s Fury (XIX) -Zona 4A-

Capítulo 3: Militares

El helicóptero militar americano se deslizaba veloz junto al borde de la costa en la oscuridad de la noche. Bajo él se dibujaban acantilados donde las olas rompían fuertemente levantando borbotones de espuma. Se acercaba una tormenta y no se veía la luz de ningún barco, era el momento idóneo para no ser vistos.

Tenían orden de volar bajo para no ser detectados por ningún radar. Además, todas las señales de posición de la nave debían permanecer apagadas. Solamente los que estaban relacionados con la misión debían saber que se acercaban al barco.

-¿Cuál es el siguiente punto? – gritó el piloto a través del micrófono del casco

-D5 – dijo el acompañante, un militar joven, cuya piel se veía rojiza incluso en bajo la luz de la luna llena.

-De acuerdo señor, mis órdenes son de seguir estrictamente sus indicaciones, pero creo que ese sitio es un punto perdido en mitad del océano donde solo hay agua.

-¡No! digo que D5, disparo a D5.

-¿Cómo? Sí, a ver… tocado – dijo el piloto.

A pesar de que se aproximaba tormenta la noche estaba muy tranquila. Los monitores mostraban la vista nocturna del exterior, así como una vista en espectro de infrarrojos para detectar posibles barcos o aviones a los que se aproximasen demasiado; por tanto, no había nada malo en jugar una partidita a hundir los barcos. El militar parecía acostumbrado a viajar, por lo que siempre llevaba un juego de viaje encima. Al piloto no le importó jugar con él, volar era fácil, lo difícil era el despegue y el aterrizaje.

-Me refería a que dónde es el siguiente punto al que debemos desplazarnos.

-¡Ah! Perdone, el siguiente punto es la Zona 4A, según la división cartográfica 15-27.

-¡Un momento! – dijo el piloto mientras introducía en su teclado las coordenadas.

El ejército había creado una serie cartográfica especial para operaciones ultrasecretas. No medían por latitud y longitud, sino por zonas llamadas con letras y números, las cuales estaban colocadas en un lugar diferente según el código de división cartográfica utilizado. Así se aseguraban de que en caso de que las comunicaciones cifradas fuesen interceptadas y decodificadas, al enemigo le fuese complicado (si no imposible) localizar la posición de los operativos militares.

El monitor parpadeó. El punto asignado se encontraba a unas cincuenta millas náuticas mar adentro, justo en el centro de la tormenta.

-Parece que el viaje se va a poner interesante, vamos justo hacia la tormenta.

-No se preocupe, estaremos bien. – Respondió con una inusual confianza el militar, que sin duda era descendiente de la raza india.

Al cabo de un rato se empezaron a vislumbrar los rayos de la tormenta en el horizonte. Enormes nubes negras tapaban la luz de la luna y bajo ellas la superficie del mar se convertía en una masa negra enfurecida iluminada intermitentemente por las descargas eléctricas.

-Vamos a tener que esperar a que la tormenta se mueva o se disipe, o volar por encima de ella. No es seguro volar a esta altura cerca del agua tal y como está.

El militar miró al piloto y sonrió, divertido por la creciente duda de su chofer.

-Siga hacia la tormenta, confíe en mí.

El piloto asintió con la cabeza, tenía orden de hacer todo lo que su pasajero le dijese. Hasta imitar a una foca o contarle un chiste, esas eran sus órdenes. La inseguridad empezaba a brotar en su mente. Cada vez se acercaban más a la tormenta, y realmente, aquella era una tormenta de esas que se ven cada mucho tiempo, una gran carga eléctrica, lluvia cayendo como cortinas de agua y el mar levantando olas de cinco o seis metros.

Se encontraban a una milla del fenómeno cuando empezaron a caer gotas sobre el cristal de la cabina.

-¡Pare! – Gritó el pasajero haciéndose oír por encima de los truenos que llevaban tiempo escuchándose.

El piloto detuvo y dejó inmóvil el aparato en el aire. El indio tomó los mandos de la radio y cambió a una nueva frecuencia.

-¡Aquí Trueno de Media Noche! Estamos en el borde, justo al oeste de su posición. Confirme.

Tres pitidos salieron por el auricular. Era la señal de que todo iba bien.

El hombre volvió a dejar la radio en su frecuencia anterior y miró al piloto de nuevo con aquella expresión divertida.

-Adelante.

El piloto ordenó al aparto que avanzase, a acercarse a la tormenta. Las gotas seguían cayendo sobre el aparato, cuando empezaron a adentrarse algo raro empezó a pasar.

Las nubes se abrían.

La tormenta seguía alrededor de ellos, pero las nubes que se encontraban frente a ellos se estaban abriendo, los relámpagos seguían apareciendo, pero inexplicablemente no aparecían cerca del helicóptero. Seguía lloviendo, pero alrededor del vehículo el agua no caía, y sobre ellos se podía ver la luna iluminando la nave mientras se abría en las nubes un camino despejado que les guiaba hasta una enorme figura en mitad del agua, que parecía ser un superpetrolero.

Una gran sonrisa se dibujó en la cara del pasajero.

-¡Tranquilo, no se asuste, la tormenta no nos hará nada, digamos que “está de nuestro lado”’! – dijo divertido terminando la frase en una sonora risotada.

El piloto soltó una risita nerviosa. En todos sus años de servicio había visto cosas raras, había visto ovnis, hombres montados sobre misiles tierra aire para lanzarse sobre los aviones en caso de que el misil-fallase, e incluso una vaca voladora, aunque solo fuese en un sueño, pero no una tormenta que abre un camino de bienvenida.

El helicóptero siguió avanzando mientras la tormenta se iba cerrando detrás de ellos hasta que llegó a la altura del navío. El piloto inició la maniobra de descenso, dejando la máquina sobre una enorme plataforma marcada con una H en la proa del barco.

Las hélices del helicóptero se pararon. Entonces la plataforma empezó a descender hacia la bodega de la nave.

INDICE DE LA HISTORIA

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