The pollo’s Fury (XXV). – La verdad de la raza

Kiwimaku se reveló a los humanos. Salvó a toda una nación de uno de los pueblos más peligrosos de su tiempo, pero para ello tuvo que mostrar todo el poder que nuestra raza puede desarrollar. Al principio la gente le temía, pero gracias al primer amigo humano que tuvo él se hizo un hueco en vuestra sociedad, llegando incluso a ser el emperador de dicho pueblo.

Kiwimaku siempre mantuvo cerca a sus amigos, y se rodeó de un grupo de pollos que tomó para la misión que él mismo se propuso, la de proteger a los humanos de aquellos de su misma especie que se dedican a destruir a su propia raza. Es curioso, pero vuestro planeta es el lugar donde residen más especies en cuya naturaleza está el luchar violentamente contra otros de su misma condición. Bien es sabido que individuos de otras razas compiten entre sí, pero nunca el resultado puede llegar a ser tan violento. Sin embargo, los humanos llegáis al extremo contrario. Lucháis entre vosotros por ideales, que nunca suelen ser los acertados, batalláis por una religión, por un Dios que ni siquiera sabéis si existe. Dais demasiada importancia a cosas que en realidad no la tienen, cuando lo que de verdad importa es vuestra existencia, vuestra verdad, la verdad de que existís y de lo que sois, de lo que podéis conseguir, de lo que podéis lograr y de vuestra vida. Kiwimaku se dio cuenta de que muchos de vosotros no prestabais atención a lo que es verdaderamente importante, así que decidió proteger a aquellos que sí conocían la verdad de vuestra raza de aquellos que podrían destruirla, fuesen humanos o no.

Kiwimaku fue un emperador sabio, que gobernó con sabiduría y protegió a su pueblo de toda desgracia hasta el fin de su vida. Tenía un grupo de pollos elegidos para ayudarle y aconsejarle en su misión, incluso contaba con “pollos videntes”, encargados de predecir futuros acontecimientos. Según parece, uno de ellos predijo que en el transcurso de unos setecientos años el mundo de los humanos sería invadido por los quagas siguiendo el rastro de los pollos. Aunque nuestro pueblo abandonase el planeta ellos seguirían adelante, porque siempre han deseado investigar qué es lo que nos ha traído hasta cada uno de los planetas que visitamos, e incluso, si pueden, obtener alguna pista que les pueda ayudar para ganar alguna batalla contra nosotros

Sabiendo que la batalla era inevitable al acabar sus días dejó a sus descendientes la misión de velar por los humanos, y, cuando el día de la invasión se acerque nosotros hemos de revelarnos a los humanos para prepararlos para la gran batalla que puede decidir el rumbo de vuestro pueblo.

Hace años que empecé a buscar a los humanos adecuados para mi misión. Tenéis cierto nivel de poder militar, si bien puede que no sea suficiente para tratar como iguales a los quagas, puede que sea bastante útil para retrasarlos o dar apoyo a otras tácticas.

Otros de los descendientes de Kiwimaku siguen su propio camino, algunos han entrado en contacto con Mundo Pollo para pedir que más de los nuestros vengan a ayudarnos en la batalla contra los quagas, otros se dedican a entrar en contracto con investigadores para desarrollar nuevas tecnologías que os ayuden en la batalla que os espera, y otros siguen buscando el legado de Kiwimaku.

Porque Kiwimaku dejó a sus descendientes una misión, pero también dejó un regalo. Akmú era un hombre, el mejor amigo de mi ancestroe, él fue el primer hombre al que conoció y del que se hizo amigo y estuvieron uno junto al otro hasta el final de la vida de Kiwimaku. Se dice que cuando Kiwimaku murió dio un regalo a su amigo y le encargó que lo cuidara, que lo llevase lejos del pueblo, pues éste estaba condenado a entrar en decadencia y desaparecer con el tiempo. Le dijo que fuese al norte, que buscase un nuevo pueblo donde vivir y que tuviese descendencia y que fuese legando el regalo de padre a hijo, y que confiase a que con el tiempo, de nuevo, los pollos aparecerían en la vida de su familia y les indicarían el camino a seguir para encontrar un gran secreto que ayudaría a los hombres en una guerra que a priori estaban condenados a perder. Que al cabo de setecientos años se descubriría cuál era la desgracia que se avecinaba sobre la humanidad.

Ahora han pasado setecientos años y dentro de unos días llegarán los quagas. Días más tarde llegarán los refuerzos de nuestra raza, pero mientras llegan o no el planeta puede estar condenado a su fin si pollos y humanos no colaboramos activamente en su defensa, y tú, Peter, o mejor dicho, Trueno de Media Noche, estás aquí porque eres una pieza importante, porque tú eres descendiente de aquel hombre que era amigo de Kiwimaku.

INDICE DE LA HISTORIA

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