El humano se acercó hasta la mesa de su despacho y se sentó mientras el ave alienígena se acomodaba y se echaba a un lado de la mesa.
Como era costumbre entre ellos, al hablar mentalmente cuando se encontraban solos y tranquilos, Josh miraba a uno de los ojos de Maku, mientras éste le devolvía a mirada con aquel iris de color dorado, girando su cabeza alguna vez que otra para pasar de un ojo a otro.
-Tenemos problemas en Rusia. Será necesario un equipo muy bien preparado.
-¿A qué tipo de problemas te refieres?
-Urodontes, están merodeando por la zona, aprovechando el amparo de zonas deshabitadas.
-¿Son muy peligrosos?
-Bastante, tal vez demasiado. No tanto como los némesis, pero sí igual de crueles, aparte de que su incompatibilidad telepática con nosotros nos impide siquiera poder controlarlos en algún momento.
“Némesis”, pocas veces había escuchado Josh ese nombre por parte de los singulares aliados de la humanidad, pero sabía muy bien de qué eran capaces, no conocía cual era el nombre real de la especie que se ocultaba tras esa palabra, ni siquiera su aspecto. “Némesis” era una licencia poética que se habían tomado los pollos al traducir la palabra de su propia lengua a la humana, que literalmente significada “los enemigos de todo excepto de ellos mismos”, la especie más peligrosa conocida según las aves. Si su amigo había comparado a los urodontes con némesis estaba completamente seguro de que eran realmente peligrosos, tal vez demasiado.
-¿Podrías ser un poco más específico?
El ojo que miraba a Josh dilató su pupila hasta casi comerse el dorado del iris, de inmediato sintió una leve punzada en la sien. Así era como los pollos pasaban grandes cantidades de información entre ellos y entre sus aliados. Ninguna otra especie era capaz de hacerlo, otros también usaban la comunicación telepática, pero esto era algo más, una trasmisión completa de experiencias, recuerdos, sonidos, olores, acciones, interacciones, sensaciones… A veces, hasta aquel que recibía los recueros podía creer que eran suyos, incluso haberse creído un pollo.
En la mente de Josh se materializaron una serie de secuencias a cámara rápida donde él era el centro de la acción, aunque no era él, era el mismo Maku el protagonista, pero la sensación era la de ser él mismo. Estaba en mitad de un pueblo que parecía abandonado, la sensación térmica era de frío, varios grados bajo cero y le acompañaban otros pollos de los que solamente pudo reconocer a dos, pero de inmediato le asaltaron a su mente el nombre y las habilidades del resto del grupo. La transmisión de conocimiento funcionaba más bien como un puente entre mentes en el que el emisor enviaba la información que necesitaba el receptor, pero a su vez éste podía hacer peticiones para obtener más detalles de lo que estaba recibiendo, como era en el caso de los otros acompañantes.
En la mente del humano se reprodujo entera la escena de lucha de Maku y su grupo contra los urodontes de la iglesia del pueblo abandonado en algún lugar perdido de Rusia. Pudo sentir el frío intenso de la capilla, la tenue iluminación de las plantas luminiscentes, ver la máquina de aire acondicionado, sufrir el ataque sincronizado de dos decenas de reptiles espaciales y sentir la furia y el poder desencadenado de su compañero al absorber la energía de cada uno de los átomos de la construcción y utilizarla para generar la inmensa corona de fuego que destruyó a sus enemigos.
Tras visualizar el combate más imágenes acudieron a su mente, imágenes de cómo los urodontes vivían cientos de miles de años atrás en un mundo verde, lleno de agua, un auténtico vergel; pudo ver cómo evolucionaron de animales parecidos a los cocodrilos, cómo sus colas alargadas se fueron compactando y empezaron a caminar a dos patas, conservando también la capacidad de arrastrase y moverse a cuatro patas cuando fuese necesario; vio cómo sus mandíbulas se ensanchaban y se convertían en un semicírculo lleno de dientes y les crecía una papada flexible cuando el clima empezó a cambiar y las presas empezaron a escasear; vio cómo sus mentes se desarrollaron y se crearon tribus, cómo empezaron a utilizar sus habilidades manuales al moverse a dos patas, cómo siguieron creciendo, cómo sus sociedad cambió y cómo empezaron a desarrollar tecnología y ésta, poco a poco se iba haciendo cada vez más sofisticada, a la vez que ellos mismos se iban haciendo cada vez más inteligentes; pudo ver incluso cómo la estrella que alumbraba su sistema se expandía hasta casi alcanzar su mundo, vio cómo seguía perdiendo energía y se enfriaba; vio cómo su planeta se volvía frío y oscuro, adentrándose en un crepúsculo permanente; vio cómo los urodontes se adaptaban al frío, su piel se volvía azulada y dura y cómo su planeta cambiaba hasta convertirse en una cripta helada donde solamente unas cuantas especies podían sobrevivir junto a ellos. Llegó a ver cómo los urodontes, adaptados ya a la extrema climatología no podían vivir fuera de ambientes gélidos sin utilizar trajes especiales que los mantuviesen helados o cómo necesitaban de aquellas poderosísimas máquinas de frío. Vio cómo expandían por todo su sistema planetario, atacando a otras razas y dominando y adaptando otros mundos a sus nuevas necesidades climáticas enfriando todos los planetas habitables que deseaban conquistar, dejándolos a temperaturas que no llegaban nunca a superar los veinte grados bajo cero. La última secuencia que vio fue la de un éxodo masivo de enormes naves espaciales que huían de los planetas de sus sistema, cuando las temperaturas rondaban ya los cien grados bajo cero en el más caluroso de los mundos habitados, vio cómo algunas colonias permanecieron, bajo enormes cúpulas que aprovechaban la energía geotérmica de los mundos para calentar el interior y mantener la temperatura dentro de las mismas a un niveles aceptable para sus habitantes, mientras los ocupantes de las naves huídas buscaban nuevos planetas que colonizar y adaptar a las necesidades de la especie para su supervivencia.
También vio que, según Maku, a los urodontes la Tierra les parecía un buen lugar para transformar y adaptar a sus necesidades.
La transmisión entre las dos mentes terminó a los dos segundos de haberse iniciado, era un método más efectivo y rápido de envío de información que había conocido Josh. Todo lo que había visto podría haber durado diez horas si hubiese sido una película. La ventaja de la transferencia residía en que el cerebro no necesitaba ningún tipo de intermediario ni proceso en la recepción, los datos se enviaban tal cual el emisor los había captado, hubiese reparado o no en los detalles, directamente a la memoria del receptor, teniendo éste consciencia de todo lo que recibía, pudiendo analizarlos a su vez y solicitar más información relacionada. Era una manera muy útil de transmitir información importante, incluso de compartir conocimientos de formación, pero compartir el conocimiento adquirido significaba que el receptor no había experimentado ni se había esforzado para adquirirlo, cosa que los pollos valoraban sobremanera, por lo que dicho uso estaba estrictamente limitado a casos realmente excepcionales donde era necesario que alguien aprendiese ciertas habilidades en instantes. Tan solamente se había dado un caso en que un pollo fue instruido en el uso de su habilidad, el control de fluidos, en poco más de diez segundos, cuando su fuerza era necesaria para completar una barrera que enfriase un enorme río de lava que se aproximaba a una ciudad socavada en la roca de un planeta en una de las estrellas de la constelación de Leo. No obstante, la técnica era ampliamente utilizada a la hora de trazar estrategias contra adversarios o para estudiar combates anteriores, pues compartir la memoria de lo ocurrido permitía a otros individuos poder analizar y captar detalles que al dueño de los recuerdos pudieron pasarle por alto en el momento de almacenarlos en su mente. En aquel momento los pollos estaban colaborando con los humanos para crear un dispositivo que les permitiese proyectar la memoria en un dispositivo de almacenamiento y poder proyectarla de manera holográfica usando como base una tecnología alienígena bastante difícil de incautar, ya que la raza creadora de dicha tecnología solía ser de aquellos que preferían destruirla antes de que se la robaran.
El periodista estaba abrumado por todo lo que acaba de conocer sobre aquellos lagartos del espacio. Puede que a Maku le pareciese que estaban allí para enfriar y colonizar la Tierra, la idea le parecía descabellada, pero también era cierto que no era la primera vez que una raza alienígena deseaba conquistar el planeta.
-¿Estás seguro de que quieren el planeta? ¿Habéis intentando entablar comunicación con ellos?
-A pesar de la incompatibilidad telepática, sí, lo hemos intentado, sabemos que usan traductores para comunicarse con otras especies.
-¿Y No podría ser que esos traductores, al igual que su biología son incompatibles con vosotros?
-Podría ser, pero como has visto, hemos conseguido la tecnología que guardaban en aquella iglesia. Allí tenían varios traductores, lo primero que se nos ocurrió fue utilizarlos y ver si funcionaban con nosotros. Cloqueamos a los aparatos para saber si eran capaces de traducirnos.
-¿Qué les dijisteis?
-Venimos en son de paz, no queremos luchar.
-¿Qué paso?
-Entendemos un poco su escritura, no del todo, el aparato emitió algunos rugidos y escribió en la pantalla. Efectivamente, la traducción era buena, pero sucedió algo más.
Josh no dijo nada, simplemente se quedó esperando a que su amigo terminase.
-Es posible que esos aparatos tengan un sistema de respuesta automática para algunas frases, expresiones, o tal vez situaciones, lo hemos enviado a los laboratorios para que los estudien, pero espero que no sea verdad lo que escuchamos en nuestra lengua.
-¿Qué fue?
-”¿Paz? La paz no existe, tan sólo especies que vienen y se van, especies que desaparecen y especies que prevalecen. Nosotros prevalecemos, siempre prevalecemos”
La conversación se interrumpió cuando los gritos de pánico de un hombre quebraron la tranquilidad nocturna de la casa.
