Agarrado al techo, amparado por su capacidad natural de mimetización con el hielo gracias a su piel escamosa y azulada, el enorme lagarto espacial se dejó caer con su enormes fauces abiertas y engulló de un solo bocado al líder de la expedición.
El resto del grupo se quedó inmóvil, sin siquiera pensar en ayudar a su compañero atrapado en las fauces de la criatura. A pesar de la temperatura ártica del recinto y de su resistencia natural al adverso entorno, la mandíbula y el hocico del urodonte empezaron a congelarse, escarchándose y cristalizándose rápidamente, acompañados por una pequeña serie de crujidos debidos a la rápida pérdida de calor. Al instante, la cabeza y el cuerpo del reptil explotaron en toda su longitud, envueltos en una ola de fuego, esparciendo trozos de restos carbonizados por todo el edificio. La piroquinesis de Maku había hecho saltar por los aires a su captor.
-Por ahora puedo ver tres más. Hay uno a la derecha, agarrado a la tercera columna, otro se encuentra en el techo, a unos veinticinco clocs* al frente. El tercero está en la pared más exterior de la izquierda, diez clocs más adelante. – Yoho, el pollo titiritero del grupo se encargaría de coordinar a sus compañeros en la batalla.
Los pollos titiriteros eran muy valiosos en su sociedad, a pesar de haber nacidos sordos, ciegos y con anosmia. Podrían haber sido una gran carga par su sociedad, pero la falta de sus sentidos hacían que sus mentes se potenciasen hasta límites inusuales. Para poder sobrevivir se apoyaban en las mentes de otros seres para ver, oír y oler a través de ellos, siempre que sus biologías fuesen compatibles. Realmente se convertían en seres inútiles cuando se encontraban totalmente aislados, y cuando decimos totalmente aislados, queremos decir en un espacio completamente vacío en el que solamente existan las moléculas que componen al pollo, pues son incluso capaces de sobrevivir apoyándose en los pequeños ácaros y criaturas similares que alguna vez se encuentran en sus plumas. En situaciones especiales, tales como la situación de peligro actual, incluso se llegaban a apoyar en los sentidos de varios individuos a la vez, permitiéndoles tener una visión total del escenario y coordinar a todos sus compañeros para una resolución lo más óptima de su situación.
Los lagartos los habían visto, y de todas maneras, se hubiesen dado cuenta de su presencia tras la explosión de su compañero. El urodonte de la derecha bajó reptando de la columna derecha y se arqueó, reptando en el suelo mirando fijamente con sus ojos blancos sin pupilas al grupo de aves que habían invadido su territorio. El de la izquierda saltó de la pared y se aproximó por su flanco, colocando sus patas en vertical, al igual que un animal de presa. El del centro se dejó caer mientras se volteaba y acabó en el suelo, apoyándose sobre sus dos patas traseras, casi vertical, equilibrando su peso con su cola corta, gruesa y redonda, que le permitían desplazar sus casi tres metros de longitud con total facilidad. Años de evolución habían dotado a los urodontes con unas patas altamente flexibles y adaptables que les permitían tomar todas aquellas posiciones aparentemente incompatibles, no obstante, habían conseguido desarrollar y construir tecnología avanzada, que requería de una gran destreza manual y capacidad mental.
Un siseo sobre la puerta descubrió la posición de un cuarto lagarto que se dejó caer ante la entrada del templo, apoyándose también sobre sus patas traseras, dejando al grupo de pollos rodeados por todos sus flancos. En una situación como esta, un titiritero como Yoho habría entrado en las mentes de sus adversarios y les hubiese obligado a no atacar y retirarse, mientras que sus compañeros les borraban las huellas de su presencia y se ocultaban a sus sentidos. Por desgracia, los urodontes no eran compatibles con la bioquímica de las aves, y les resultaban imposibles de manipular. No quedaba más remedio que luchar, y al menos, reducir a todos los adversarios que allí se encontraban.
Cuatro contra seis, seis extraterrestres reptilianos adaptados a temperaturas polares contra seis pollos con habilidades sobrenaturales: Gori y su alteración y generación de campos electromagnéticos; Zor, poseedor telequinesis y alteración de gravedad; Yoho, titiritero; Luona, con sus habilidades de alteración de percepción, tanto mermadoras como potenciadoras, así como habilidades curativas de regeneración; Nyl, capaz de generar ondas vibratorias sobre cualquier medio; y Maku con la habilidad de la piroquinesis.
Los urodontes, calificados por los pollos como “malvados” iniciaron el ataque. El enemigo de la izquierda saltó y se lanzó sobre Zor, pero su salto no le permitió llegar muy lejos. Un repentino tirón gravitatorio lo atrajo contra el suelo en mitad de su vuelo, dejándolo despatarrado y atontado por el golpe.
-¡Gori, prepara un EMP contra el refrigerador! – Yoho empezó a coordinar a sus compañeros. Sus ojos blancos, sin luz, no miraban hacia ningún lado en concreto, pero estaba en las mentes de todos sus camaradas, viendo, oyendo, oliendo y sintiendo de todos a la vez, mientras se encontraba en el centro del grupo, lo más lejos posibles de las amenazas a las que no tenía ninguna posibilidad de controlar.
Gori se replegó hacia el centro del grupo, junto a Yoho, mientras se concentraba para preparar la suficiente potencia para su descarga, dejando que sus otros compañeros se enfrentasen a los reptiles. Luona se replegó también al centro, usando sus habilidades mentales para aumentar la visión, oídos y reflejos de sus compañeros. Maku preparaba varias bolas de fuego en torno suyo, usando el calor que iba absorbiendo del suelo, que se congelaba aún más a cada paso que daba, mientras que Nyl y Zor esperaban pacientemente el asalto de sus enemigos.
El urodonte de la puerta se abalanzó contra Maku, que le envió una bola de fuego que el atacante esquivó grácilmente. El lagarto lanzó una dentellada con su morro corto y redondeado, con una ancha boca llena de afilados dientes serrados que lo atravesaba. El pollo tuvo que echar unos pasos atrás, mientras uno de los maderos del cerrojo de la puerta levantados por Zor golpeaban a su agresor por detrás, dejándolo tumbado en el suelo, semiinconsciente.
El extraterrestre de la derecha se desplazó rápidamente sobre por el suelo, serpenteando, en busca de Nyl, que detuvo un mordisco con una barrera sónica concentrada justo ante él. No era la primera vez que un urodonte se enfrentaba a la situación de quebrarse la mitad de los dientes contra un muro irrompible de puro aire comprimido.
Con tres de los reptiles fuera de combate y otro más repartido en pequeños trocitos de diez centímetros por toda la iglesia. Solamente quedaba el que parecía ser el líder, que aguardaba pacientemente a la siguiente acción de los intrusos. Notó que Gori lo miró fijamente, aunque tardó dos segundos en darse cuenta de lo que de verdad estaba mirando era el aire acondicionado de fusión que se encontraba detrás de él, mientras proyectaba un pulso electromagnético sobre el aparato.
Las luces de la máquina se apagaron una décima de segundo. Pero volvieron a encenderse, la máquina no dejó de funcionar. El aire acondicionado estaba protegido contra radiaciones electromagnéticas de alta potencia.
Con un siseo de satisfacción el líder se quedó mirando a las seis apetitosas presas intrusas que se encontraban frente a él, se lanzó hacia delante, apoyándose también en sus patas delanteras, mientras profería un grito de ataque hacia los pollos. Yoho estuvo atento a las percepciones aumentadas de sus compañeros, pues estuvo a ciento treinta y tres centésimas de segundo de no ver a tiempo a los otros cuatro urodontes que se encontraban agazapados entre las vigas del techo y que en ese mismo momento se lanzaban sobre el grupo en una. Les habían emboscado mientras luchaban con sus compañeros.
Una poderosa barrera esférica de sonido comprimido los rebotó a todos contra las paredes, librando a las aves del ataque a traición.
Los reptiles se quejaban del golpe recibido, pero el líder volvió a levantarse y con lo que parecía una sonrisa en la boca emitió una extraña secuencia de notas aguas, terminadas por una más grave y chirriante que hirió los oídos de los intrusos. Inmediatamente, un coro de siseos, patas moviéndose y cuerpos reptando invadió el silencio ritual de la iglesia. De algunas estancias al fondo de la iglesia empezaron a salir una veintena de urodontes de varios tamaños, a la vez que desde la puerta que daba al campanario aparecieron otros quince o veinte. El techo empezó a poblarse de aquellas criaturas, mientras Maku daba la orden de retirada a sus compañeros para que saliesen de la iglesia.
El grupo de pollos volvió al exterior, con la esperanza de que allí fuera no les siguieran. Hacía frío, pero no tanto como para que los extraterrestres reptilianos fuesen capaces de aguantar tal calor por mucho tiempo. Cinco pollos habían salido de una iglesia habitada por al menos medio centenar de lagartos espaciales en mitad de un pueblo abandonado en un lugar dejado de la mano de dios, dejándolos pelear contra su líder de pelotón en un combate bastante desigual. Los lagartos tenían todas las de perder, Maku se había hartado de aquellos reptiles. Habían intentado comérselo y odiaba los ataques a traición sin que le hubiesen dejado antes una sola oportunidad de diálogo. Solamente estaban allí en busca de pistas, no en busca de pelea. Hubiese sido muy fácil que le contestasen algunas preguntas, ellos no podrían hablar mentalmente con los urodontes, pero ellos tenían tecnología de traducción interespecies, sin embargo, su naturaleza era la de atacar primero y preguntar después, si quedaban restos conscientes de su víctima.
Todo aquel que enfurecía a un pollo acababa pagándolo caro.
*cloc: distancia equivalente a 42 centímetros.
