The Pollo’s Fury [XVI]: 4 – Pollos en la estepa (II)

Agarrado al techo, amparado por su capacidad natural de mimetización con el hielo gracias a su piel escamosa y azulada, el enorme lagarto espacial se dejó caer con su enormes fauces abiertas y engulló de un solo bocado al líder de la expedición.

El resto del grupo se quedó inmóvil, sin siquiera pensar en ayudar a su compañero atrapado en las fauces de la criatura. A pesar de la temperatura ártica del recinto y de su resistencia natural al adverso entorno, la mandíbula y el hocico del urodonte empezaron a congelarse, escarchándose y cristalizándose rápidamente, acompañados por una pequeña serie de crujidos debidos a la rápida pérdida de calor. Al instante, la cabeza y el cuerpo del reptil explotaron en toda su longitud, envueltos en una ola de fuego, esparciendo trozos de restos carbonizados por todo el edificio. La piroquinesis de Maku había hecho saltar por los aires a su captor.

-Por ahora puedo ver tres más. Hay uno a la derecha, agarrado a la tercera columna, otro se encuentra  en el techo, a unos veinticinco clocs* al frente. El tercero está en la pared más exterior de la izquierda, diez clocs más adelante. – Yoho, el pollo titiritero del grupo  se encargaría de coordinar a sus compañeros en la batalla.

Los pollos titiriteros eran muy valiosos en su sociedad, a pesar de haber nacidos sordos, ciegos y con anosmia. Podrían haber sido una gran carga par su sociedad, pero la falta de sus sentidos hacían que sus mentes se potenciasen hasta límites inusuales. Para poder sobrevivir se apoyaban en las mentes de otros seres para ver, oír y oler a través de ellos, siempre que sus biologías fuesen compatibles. Realmente se convertían en seres inútiles cuando se encontraban totalmente aislados, y cuando decimos totalmente aislados, queremos decir en un espacio completamente vacío en el que solamente existan las moléculas que componen al pollo, pues son incluso capaces de sobrevivir apoyándose en los pequeños ácaros y criaturas similares que alguna vez se encuentran en sus plumas. En situaciones especiales, tales como la situación de peligro actual, incluso se llegaban a apoyar en los sentidos de varios individuos a la vez, permitiéndoles tener una visión total del escenario y coordinar a todos sus compañeros para una resolución lo más óptima de su situación.

Los lagartos los habían visto, y de todas maneras, se hubiesen dado cuenta de su presencia tras la explosión de su compañero. El urodonte de la derecha bajó reptando de la columna derecha y se arqueó, reptando en el suelo mirando fijamente con sus ojos blancos sin pupilas al grupo de aves que habían invadido su territorio.  El de la izquierda saltó de la pared y se aproximó por su flanco, colocando sus patas en vertical, al igual que un animal de presa. El del centro se dejó caer mientras se volteaba y acabó en el suelo, apoyándose sobre sus dos patas traseras, casi vertical, equilibrando su peso con su cola corta, gruesa y redonda, que le permitían desplazar sus casi tres metros de longitud con total facilidad. Años de evolución habían dotado a los urodontes con unas patas altamente flexibles y adaptables que les permitían tomar todas aquellas posiciones aparentemente incompatibles, no obstante, habían conseguido desarrollar y construir tecnología avanzada, que requería de una gran destreza manual y capacidad mental.

Un siseo sobre la puerta descubrió la posición de un cuarto lagarto que se dejó caer ante la entrada del templo, apoyándose también sobre sus patas traseras, dejando al grupo de pollos rodeados por todos sus flancos. En una situación como esta, un titiritero como Yoho habría entrado en las mentes de sus adversarios y les hubiese obligado a no atacar y retirarse, mientras que sus compañeros les borraban las huellas de su presencia y se ocultaban a sus sentidos. Por desgracia, los urodontes no eran compatibles con la bioquímica de las aves, y les resultaban imposibles de manipular. No quedaba más remedio que luchar, y al menos, reducir a todos los adversarios que allí se encontraban.

Cuatro contra seis, seis extraterrestres reptilianos adaptados a temperaturas polares contra seis pollos con habilidades sobrenaturales: Gori y su alteración y generación de campos electromagnéticos; Zor, poseedor telequinesis y alteración de gravedad; Yoho, titiritero; Luona, con sus habilidades de alteración de percepción, tanto mermadoras como potenciadoras, así como habilidades curativas de regeneración; Nyl, capaz de generar ondas vibratorias sobre cualquier medio; y Maku con la habilidad de la piroquinesis.

Los urodontes, calificados por los pollos como “malvados” iniciaron el ataque. El enemigo de la izquierda saltó y se lanzó sobre Zor, pero su salto no le permitió llegar muy lejos. Un repentino tirón gravitatorio lo atrajo contra el suelo en mitad de su vuelo, dejándolo despatarrado y atontado por el golpe.

-¡Gori, prepara un EMP contra el refrigerador! – Yoho empezó a coordinar a sus compañeros. Sus ojos blancos, sin luz, no miraban hacia ningún lado en concreto, pero estaba en las mentes de todos sus camaradas, viendo, oyendo, oliendo y sintiendo de todos a la vez, mientras se encontraba en el centro del grupo, lo más lejos posibles de las amenazas a las que no tenía ninguna posibilidad de controlar.

Gori se replegó hacia el centro del grupo, junto a Yoho, mientras se concentraba para preparar la suficiente potencia para su descarga, dejando que sus otros compañeros se enfrentasen a los reptiles. Luona se replegó también al centro, usando sus habilidades mentales para aumentar la visión, oídos y reflejos de sus compañeros. Maku preparaba varias bolas de fuego en torno suyo, usando el calor que iba absorbiendo del suelo, que se congelaba aún más a cada paso que daba, mientras que Nyl y Zor esperaban pacientemente el asalto de sus enemigos.

El urodonte de la puerta se abalanzó contra Maku, que le envió una bola de fuego que el atacante esquivó grácilmente. El lagarto lanzó una dentellada con su morro corto y redondeado, con una ancha boca llena de afilados dientes serrados que lo atravesaba. El pollo tuvo que echar unos pasos atrás, mientras uno de los maderos del cerrojo de la puerta levantados por Zor golpeaban a su agresor por detrás, dejándolo tumbado en el suelo, semiinconsciente.

El extraterrestre de la derecha se desplazó rápidamente sobre por el suelo, serpenteando, en busca de Nyl, que detuvo un mordisco con una barrera sónica concentrada justo ante él. No era la primera vez que un urodonte se enfrentaba a la situación de quebrarse la mitad de los dientes contra un muro irrompible de puro aire comprimido.

Con tres de los reptiles fuera de combate y otro más repartido en pequeños trocitos de diez centímetros por toda la iglesia. Solamente quedaba el que parecía ser el líder, que aguardaba pacientemente a la siguiente acción de los intrusos. Notó que Gori lo miró fijamente, aunque tardó dos segundos en darse cuenta de lo que de verdad estaba mirando era el aire acondicionado de fusión que se encontraba detrás de él, mientras proyectaba un pulso electromagnético sobre el aparato.

Las luces de la máquina se apagaron una décima de segundo. Pero volvieron a encenderse, la máquina no dejó de funcionar. El aire acondicionado estaba protegido contra radiaciones electromagnéticas de alta potencia.

Con un siseo de satisfacción el líder se quedó mirando a las seis apetitosas presas intrusas que se encontraban frente a él, se lanzó hacia delante, apoyándose también en sus patas delanteras, mientras profería un grito de ataque hacia los pollos. Yoho estuvo atento a las percepciones aumentadas de sus compañeros, pues estuvo a ciento treinta y tres centésimas de segundo de no ver a tiempo a los otros cuatro urodontes que se encontraban agazapados entre las vigas del techo y que en ese mismo momento se lanzaban sobre el grupo en una. Les habían emboscado mientras luchaban con sus compañeros.

Una poderosa barrera esférica de sonido comprimido los rebotó a todos contra las paredes, librando a las aves del ataque a traición.

Los reptiles se quejaban del golpe recibido, pero el líder volvió a levantarse y con lo que parecía una sonrisa en la boca emitió una extraña secuencia de notas aguas, terminadas por una más grave y chirriante que hirió los oídos de los intrusos. Inmediatamente, un coro de siseos, patas moviéndose y cuerpos reptando invadió el silencio ritual de la iglesia. De algunas estancias al fondo de la iglesia empezaron a salir una veintena de urodontes de varios tamaños, a la vez que desde la puerta que daba al campanario aparecieron otros quince o veinte. El techo empezó a poblarse de aquellas criaturas, mientras Maku daba la orden de retirada a sus compañeros para que saliesen de la iglesia.

El grupo de pollos volvió al exterior, con la esperanza de que allí fuera no les siguieran. Hacía frío, pero no tanto como para que los extraterrestres reptilianos fuesen capaces de aguantar tal calor por mucho tiempo. Cinco pollos habían salido de una iglesia habitada por al menos medio centenar de lagartos espaciales en mitad de un pueblo abandonado en un lugar dejado de la mano de dios, dejándolos pelear contra su líder de pelotón en un combate bastante desigual. Los lagartos tenían todas las de perder, Maku se había hartado de aquellos reptiles. Habían intentado comérselo y odiaba los ataques a traición sin que le hubiesen dejado antes una sola oportunidad de diálogo. Solamente estaban allí en busca de pistas, no en busca de pelea. Hubiese sido muy fácil que le contestasen algunas preguntas, ellos no podrían hablar mentalmente con los urodontes, pero ellos tenían tecnología de traducción interespecies, sin embargo, su naturaleza era la de atacar primero y preguntar después, si quedaban restos conscientes de su víctima.

Todo aquel que enfurecía a un pollo acababa pagándolo caro.

*cloc: distancia equivalente a 42 centímetros.

 

The Pollo’s Fury [XV]: 4 – Pollos en la estepa (I)

A la misma vez que Josh se encontraba intentando ganar una discusión con un pollo en una granja, en el otro lado del mundo, en la fría y solitaria estepa rusa, en un pueblo abandonado con un nombre impronunciable cuyo significado viene a decir que está demasiado lejos de cualquier otro sitio, un grupo de seis pollos amparados por la oscuridad de la madrugada se desplazaba entre sus edificios semiderruidos buscando algún tipo de información.

Estaban allí en busca de pistas sobre los avistamientos de ovnis que habían tenido lugar cerca de las zonas habitadas de la región. A pesar de la cobertura de la noche se encontraban ocultos tras un manto de alteración de percepción. No había ningún humano en los alrededores, que venían a ser, unos cien kilómetros a la redonda, pero en los parajes abandonados siempre existe el riesgo de encontrarse con animales salvajes que entorpezcan la misión, y las habilidades de control mental a largo plazo sólo funcionaban con seres racionales, por lo que la capacidad de alteración sensorial resultaba tremendamente útil para impedir que cualquier animal salvaje pudiese olerlos, verlos u oírlos. En las ciudades, con los humanos bastaba con la invisibilidad y hacer poco ruido y estar bien limpio, aunque a veces sus perros solían ser un problema cuando los detectaban. No los veían, pero podían oírlos y olerlos, y eso desconcertaba bastante a sus dueños que se alarmaban porque sus mascotas ladrasen enfurecidos al aire vacío. Curiosamente les ocurría solamente con los perros con dueño, mientras que los callejeros pasaban de ellos. Había veces que los pollos no entendían cómo unos seres tan inteligentes eran capaces de vincularse emocionalmente con los humanos hasta niveles que llegaban a rozar el enamoramiento, muchas veces los consideraban más pagafantas que mascotas, ayudaban y protegían fielmente a sus dueños y a cambio se conformaban con unas caricias y un “buen chico”.

El grupo de seis aves extraterrestres merodeaba entre las ruinas del pequeño pueblo que una vez estuvo habitado. Como en muchos otros lugares de Rusia, el fin de la Unión Soviética y el comunismo habían producido una migración masiva de sus habitantes a ciudades más pobladas cuando se cerraron las minas de carbón que el estado había mantenido abiertas hasta hacía veinte años y que eran la principal forma de vida de sus habitantes. Más de veinte años deshabitado habían hecho mella en el lugar, con  edificios y casas de dos plantas afectados por el frío clima del país. Ventanas con todos su cristales rotos, puertas podridas, paredes despintadas, ladrillos rajados, interiores con el mobiliario destrozado, azulejos caídos, algún que otro coche abandonado en mitad de la calle, calles invadidas por los escasos árboles plantados que aún sobrevivían en sus jardines. Todo el pueblo presentaba el mismo aspecto de desolación, excepto la pequeña capilla ortodoxa que se encontraba cerca de lo que aparentaba haber sido la plaza central de la población, algo bastante extraño, teniendo en cuenta el largo período de abandono que había sufrido el lugar.

El grupo se acercó tranquilamente hacia el edificio, alerta por si encontraban alguna anomalía que pudiese resultar peligrosa.

-Dentro del edificio hay un aparato que usa una  fuente de energía eléctrica demasiado potente como para ser humana. - Gori, un pollo hembra con la capacidad de alterar campos electromagnéticos hizo que el grupo se detuviese en mitad de la plaza.

Si ya de por sí resultaba extraño que se mantuviese en perfecto estado de conservación la antigua capilla, aún más lo era que hubiese algún tipo de aparato eléctrico. En estos casos era normal que se procediera a realizar un sondeo mental en busca de formas de vida en su interior.

Hacer un sondeo mental era una cuestión delicada. Había formas de vida bastante inteligentes que no eran capaces de detectar el roce de una mente con la suya por mucho que se empeñasen. En un el tiempo cronometrado de un suspiro, un segundo y treinta y cuatro centésimas, sus recuerdos podían ser observados, recogidos, estudiados e incluso modificados sin que se diesen cuenta, pero, por el contrario, había otros seres cuya percepción les permitía detectar incluso el más leve roce mentar externo en pos de invadir su intimidad. Por eso, en sus sondeos debían ser muy cuidadosos y establecer el contacto mínimo necesario para percibir la existencia y el tipo de ser con el que se encontrasen. Con los seres nativos de la tierra no había problema en no ser cuidadosos, ya que la mayoría, y principalmente, los humanos, lo notaban como un leve dolor de cabeza pasajero. Pero esta vez estaban intentando conocer sobre la presencia de seres foráneos, y no sabían a qué se podrían enfrentar, incluso con cierto tipo de especies un sondeo sutil resultaba peligroso y los alertaría de su presencia, aunque no esperaban encontrarse con ninguno de ellos.

Centraron el sondeo en busca de seres que tuviesen un tamaño de unos seis centímetros en adelante, descartar criaturas de talla inferior aceleraba el proceso, y los insectos eran muy numerosos y solían interferir. Tras dos segundos detectaron catorce ratas y veinte palomas viviendo en la torre del edifico, pero no había ningún indicio de la presencia de cualquier otro tipo de criatura.

El grupo se puso en movimiento y se acercó hasta la puerta de la iglesia. Era una gruesa puerta de madera de doble hoja de unos tres metros de altura por dos y medio de anchura que se encontraba cerrada. Zor, un pollo más pequeño de color gris con reflejos marrones y la línea de plumas negra, se adelantó al grupo.  Sus ojos verdes refulgieron cuando proyectó su mente hacia el portón en busca de la manera para abrirlo, recorrió las bisagras, los picaportes, las juntas del marco con la pared, la cerradura, que no estaba echada, y un enorme cerrojo en forma de dos maderas atravesadas por detrás, que impedían que la puerta se abriese. Su telequinesis sintió las vigas, las abrazó y las levantó hasta sacarlas de sus soportes. Con cuidado las retiró hacia un lado mientras mentalmente empujaba una de las hojas hasta dejar el hueco suficiente para que el grupo de aves pudiese pasar al interior.

Las bisagras chirriaron conforme iban girandoo, un vaho gélido cruzó hacia el exterior hasta la ya de por sí fría estepa rusa. Todo el grupo se puso alerta. Conocían a criaturas que vivían en ambientes helados y cuyas mentes eran incapaces de sondear debido a las diferencias bioquímicas y nerviosas de su naturaleza.  No tenía sentido seguir bajo el manto de alteración de percepción, pues si alguna de dichas criaturas se encontraba en el interior, la habilidad no funcionaría con ellas, y en el grupo no se encontraba nadie capaces de hacerlos invisibles. Decidieron entrar con cautela, en círculo, cubriéndose las espaldas.

La capilla estaba literalmente congelada, una dura capa de escarcha recubría todo el interior del edificio, tenuemente iluminado por unas pequeñas plantas bioluminescentes semejantes al musgo, repartidas irregularmente por toda la superficie, dando a la estancia un tono azulado sobrenatural. Las plantas no parecían notar la incidencia de la baja temperatura, que podría rondar los treinta grados centígrados bajo cero, sin duda no eran de origen terrestre. Los pollos tenían suerte de que su resistente y duro plumaje les protegiese, pero aún así, tuvieron que ahuecar sus plumas para crear una cámara de aire que les aislase aún más de la gélida temperatura del lugar.

Al fondo de la iglesia, tras el altar, se encontraba la máquina que había detectado Gori, el aparato era compacto, un cubo prácticamente liso de una aleación reflectante, de un metro y medio de lado, con unas pequeñas fisuras y unas luces de color blanco nacarado que oscilaban su tonalidad levemente para indicar que se encontraba en funcionamiento. Los pollos no necesitaban hacer uso de tecnología, pero conocían a muchas especies que la usaban y sabían identificar a sus creadores con solamente echar un vistazo al artefacto en cuestión. La máquina, sin duda, era un potente aire acondicionado alimentado por un generador eléctrico de fusión que servía para mantener el edifico a aquella temperatura tan baja.

No había muchas criaturas que necesitasen vivir en lugares tan fríos. Por desgracia, conocían a la especie que, además de vivir en parajes con temperaturas polares, usaban una tecnología tan refinada. No se equivocaron en ponerse alerta, aquel lugar lo habitaba una raza contra las que no podían enfrentarse con artimañas mentales, ni siquiera sondearlos para descubrir quienes o cuántos eran. Aún así, estaban seguros de que podrían salir bien parados del encuentro, pero, a veces, la prepotencia y la confianza de los pollos, a pesar de estar alerta, podían traicionarlos, cosa que no solía pasarles muy a menudo, pero lo  volvieron a recordar cuando el urodonte cayó desde el techo sobre Maku y se lo tragó de un bocado.

 

 

The Pollo’s Fury [XIV]: 3 – La diferencia entre un gallo y un pollo (V)

Un humano contra un pollo, un ser de una especie inteligente contra otro de otra especie que normalmente sólo sabe quejarse, pensar de vez en cuando y tener algún gesto de generosidad con sus congéneres, era difícil que este último, el humano, fuese capaz de plantarle cara y salir airoso de un enfrentamiento contra un ser que  le superaba ampliamente, aunque éste no le llegase a la altura de las rodillas.

-¿Sigues opinando? – A pesar de la seguridad, frialdad y la serenidad que se reflejaba en Hirado, Josh no se dejaba amedrentar – El pacto dice claramente que no se pude modificar la mente de los humanos latentes para borrar lo que hayan descubierto. Tendrás que demostrarme que no has incumplido la regla y que ha sido por un bien mayor.

El, podríamos decir, ave, a pesar de su origen extraterrestre, se detuvo frente a una distancia en la que el humano pudiese mirarlo directamente desde su silla sin inclinar mucho la cabeza. Sus ojos azules de hielo se quedaron mirándolo fijamente. Josh sintió el roce de su mente al entrar en contacto para comunicarse, pero no llegó más allá.

-Sigo opinando que no se encontraba preparado, sigo opinando que eres muy valiente en presentarte aquí sin el soporte de Maku, y sigo opinando que he hecho lo correcto a pesar de haber sido una violación clara del pacto.

-¡Lo sabía! – Josh se levantó de la silla y mientras señalaba con un dedo acusador al pollo – ¡Tu fama de arisco y solitario te precede!

-Lo que no quiere decir que a pesar de haberlo incumplido merezca un castigo. -Mientras transmitía sus mensajes, el pollo giraba ladeaba la cabeza a un lado y a otro

-¿Qué? – El humano no se creía lo que acaba de decir – ¿No mereces castigo? Vuestra ley os obliga a que así sea.

-El ajuste fue realizado por consenso. – El mensaje era claro y conciso, firme, sin dudas. Los ojos de Hirado se clavaron en los del Humano, pero todo quedó ahí, mensaje transmitido, nada de forzar la mente del receptor.

-¡La verdad es que no os entiendo! Rompéis un pacto, lo reconocéis y parece que os reís de mí. – La irritación en Josh estaba haciendo acto de presencia.

-Es normal tratándose de un humano.

-¿El qué? ¿Qué os riáis de mí? – Irritación, no, más bien, indignación.

-No, que no nos entiendas. – Hirado siguió manteniendo su mirada fija, si no fuese por un imperceptible vaivén de su cabeza hacia delante y hacia atrás y algún que otro parpadeo, se diría que estuviese disecado.

Josh se echó la mano a la cabeza.

- Esto me pasa por intentar comprenderos. Necesito que me expliquéis por qué lo habéis hecho, o si no, que me ayudes a dejar a Pierre como estaba.

-Lo que sí te va a pasar será que no te prestemos ayuda para devolver al humano a su estado anterior.

-¿Entonces me explicarás los motivos?

-Sí, y no.

-¡Ya estamos! ¿Me lo cuentas o contacto con Maku para que me ayude y vengo otro día? Hablar con vosotros me acaba dando dolor de cabeza. – Ahora la irritación había tomado el relevo de la indignación, cuando se trataba de intentar convencer a los pollos, estas dos eran muy amigas.

El pollo empezó a dar una vuelta alrededor de la silla mientras balanceaba su cabeza.

-Puedo contarte los detalles necesarios para convencerte en retirar tu acusación. El resto lo descubrirás tú solo hilando los datos y los detalles.

-Debería estar acostumbrado a vuestros acertijos. Pero a veces me desesperáis. – Terminó la frase con un resoplido de resignación. No le quedaba más remedio que entrar por el aro.

-Así es cómo avanzarás en tu desarrollo y te aproximarás a entendernos mejor. Dices que conoces mi fama de arisco y solitario que  me precede. ¿Sabes cuál es el motivo de tal comportamiento?

Josh se quedó callado sin saber qué contestar, no esperaba ese tipo de respuesta de alguien como él.

-No contestas, y ni siquiera pasa nada por tu mente. Bien, no alteraré la mente de tu amigo, pero te ayudaré a que le ayudes. Cuando vayas a verle de nuevo averigua su profesión y pregúntale por su familia, es de esperar que a partir de esos datos empieces a descubrir la historia detrás de este asunto.

-Está bien – Josh resopló, era imposible discutir con ellos y salir ganando, así que no le quedaba más remedio que seguirles el cuento – pero sigo sin entender qué tienen que ver esas preguntas con que descubriese la verdad.

El extraterrestre se volvió a detener frente a él.

-Lo único que puedo comunicarte es que no fui lo suficientemente bueno en mi trabajo.

-¿No fuiste lo suficientemente bueno? – Josh se quedó perplejo, los pollos nunca mentían, solamente daba fragmentos de la información real, pero necesarios para su interlocutor. En el año largo que los conocía nunca le habían engañado, pero también se daba la situación excepcional de que ellos nunca se equivocaban, su naturaleza y sus capacidades rozaban la perfección, así que una declaración de haber cometido algún error era algo que  salía fuera de sus expectativas, no tenía cabida – ¿En qué? ¿Borrándole la memoria?

-Recuerda esta conversación, cuando te responda a las preguntas empezarás a entender – El ave se hizo a un lado – Ahora deberías irte, ya sabes todo lo que necesitas saber.

Josh se levantó y tomó la silla para devolverla a su sitio. El tiempo volvió a fluir con normalidad, la polilla volvió a abatir sus alas y dirigirse a la lámpara con la luz más apetecible.

-De acuerdo, pero si sigo sin entender porqué le modificasteis la memoria si se encontraba tan cerca de conocer la verdad.

El ave, a pesar de su frialdad le acompañó hacia la puerta mientras lo miraba con su ojo izquierdo desde el suelo.

-Ve a visitarlo esta tarde, cuando se levante se encontrará mejor y el bloqueo mental ya no será tan patente.

Josh se volvió y dejó la silla en la pared.

-¿Lo has hecho a posta para que venga, verdad? – le era imposible oculta el tono acusador en su voz

-Así había de ser para que vinieses a hablar conmigo. Necesitamos tu ayuda en esta situación.

El asunto empezaba a tener sentido, los pollos seguían con sus juegos para arreglar el mundo. Josh formaba parte activa del mando de la coalición entre las dos especies, se encargaba de coordinar misiones e investigaciones, pero por lo visto, esta vez sus aliados habían decidido que él iba a ser el responsable directo de un encargo, pero, como siempre, se negaban a dar más datos de los necesarios para el desarrollo de la misma. Confiaban en la capacidad de los humanos a pesar de sus diferencias intelectuales, éticas y culturales. Ellos conocían todos los datos, causas, efectos y podían prever todos los desenlaces, pero para ellos era más divertido dar la información adecuada a la persona correcta para que fuese capaz de unir los datos y resolver el caso, cosa que también ayudaba a que sus mentes se desarrollasen y les permitiese entender mejor a los visitantes.

Josh cerró la puerta, apenas habían pasado un minuto de tiempo real desde su entrada hasta su salida del recinto. Se acercó a la casa a despedirse de Vicente y su esposa, pero la pareja le convenció y pasó allí el resto de la mañana hablando largo y tendido de sus familias y de la situación que se acababa de dar, aunque seguían sin tener nada claro.

Tras el almuerzo, decidió que ya era hora de ir al hospital. La pareja les dio recuerdos para su mujer y sus niñas, y acompañaron el recuerdo con dos docenas de huevos frescos y dos gallos jóvenes recién degollados -gallos de la tierra, no del espacio.

Cuando abandonó el lugar se dirigió de nuevo al hospital, sin parar de pensar cuales eran los motivos reales de que Hirado hubiese alterado la mente de Sullivan y cuáles serían las respuestas que le daría a las preguntas que el pollo dijo que debía formular.

The Pollo’s Fury [XIII]: 3 – La diferencia entre un gallo y un pollo (IV)

Hirado, y todos los pollos como él eran muy parecidos a sus homólogos de granja, los considerados normales. Mismo tamaño, misma apariencia, misma cresta, pero todo con sutiles diferencias. Sus plumas parecen plumas, pero la sustancia que las forma es mucho más dura que cualquier blindaje o cobertor desarrollado por los humanos, aunque, aparte de su excepcional dureza su coloreado es también muy distintivo, cada uno de ellos es de un solo color, pero a la vez sus plumas muestran otro distinto en los reflejos de la luz sobre ellas. También los identifica una fina hilera de plumas más pequeñas, de un color diferente, saliendo por la parte de atrás de los ojos, ojos de colores intensos, iridiscentes, recorriéndoles el cuello, y llegando hasta el arranque de las alas en el torso.  Aunque es probable que su característica distintiva más sutil sea su mente superdesarrollada, su capacidad de comunicarse telepáticamente con otras especies, sus habilidades especiales, esas que comúnmente denominaríamos “superpoderes”, aunque también fuese posible que el principal detalle caracterizador fuese posiblemente que procedan de otro planeta.

Hirado y todos los habitantes del recinto eran alienígenas, con la salvedad de que nadie que fuese capaz de verlos los consideraba como tales, sino como gallos, gallinas y pollos con superpoderes, a pesar de conocer su origen, gracias al extremo parecido que tenían con los de la tierra. Más coincidencia aún era que el nombre de ellos mismos cuando se transmitía a otras especies por telepatía sonase en sus mentes igual que la palabra “pollo”, palabra que se solía usar para definir a su especie en el idioma español. Llevaban bastantes siglos entre nosotros, pero no fue hasta dos años antes que manifestaron públicamente a los humanos su existencia por causas de fuerza mayor. El principal problema radicaba en que había gente que no admitía su existencia como seres extraterrestres con superioridad demostrada sobre los humanos, otros, una gran minoría, los aceptó con los brazos abiertos, y luego existía un grupo más delicado, gente que sería capaces de admitirlos pero que necesitaban un tiempo de adaptación. Josh y Pierre pertenecían a ese grupo. Josh hacía ya tiempo que lo había superado y Pierre había empezado a notar los cambios, pero Hirado había intervenido rompiendo el “pacto con respecto al trato de las formas de vida humana con capacidad latente para conocer la verdad”.

El pacto fue propuesto por los pollos a los humanos que fueron capaces de aceptarlos, a los que ellos llamaban genéricamente “capacitados”.  En resumen, se reconocía que la forma de vida conocida como “pollos”, especie de procendencia ajena al planeta conocido y habitado por la forma de vida denominada “humanos” como “Tierra”, así o como “La gran charca” en el caso de la forma de vida conocida como “delfines”, adoptaría el estilo de vida, con sutiles diferencias, de la forma de vida existente en la Tierra que también se conocía en algunos casos como “pollos”.

El punto más peliagudo se daba en el tratamiento de los humanos “no capacitados” para reconocer la presencia de los extraterrestres. Así que se acordó que se alteraría su mente y sus conocimientos de tal manera que se eliminaría la existencia de los pollos no terráqueos, pero que se dejaría intacto los conocimientos sobre la especie local. Dejando claro que si “antes no percibían a la especie local, seguirán sin percibirlos, y en caso de que sí los perciban, esta capacidad no será alterada en ningún modo“.

Dentro del tratamiento de los humanos no receptivos constaba también, que a causa de la existencia de la palabra genérica española “pollo” que definía a los de la tierra, así como a su especie, habían de eliminar la capacidad de reconocer dicha palabra, así como sus traducciones directas a todas las lenguas y formas de representación de las mismas usadas por los humanos, además, de claro está, las relaciones que se establecían entre dichas palabras y la representación mental de un pollo como ellos. Aún así, se permitió que siguiesen refiriéndose a los pollos locales con el resto de nombres comunes que se habían utilizado siempre.

Luego estaba el problema de que se diesen situaciones o hubiese lugares de los que se desease desviar la atención por su vinculación directa con los aliens, ya fuese de manera temporal o perpetua. Así fue entonces como se diseñó la señal con el triángulo invertido y cabeza de pollo que servía para marcar los lugares protegidos. Recibió el nombre de “El signo del pollo”, y también se implantó en la mente de los no capacitados todo aquello que se encontraba marcado con él.

Sobre todo se ha de reconocer que a pesar de ser tan tremendamente poderosos, en originalidad no estaban muy puestos.

Pero todo no era tan fácil. Resultaba darse el caso que existían humanos que aún no poseían la suficiente preparación mental para aceptar las revelaciones de la existencia de los pollos no terráqueos, pero que llegados un tiempo, si lo estarían. A ellos se les denominó “los que tienen la capacidad latente”. Para ellos, se acordó que se tratarían como a los no capacitados, pero que conforme su mente fuese avanzando en preparación, las barreras, imposiciones y condicionamientos creados en sus mentes se irían desvaneciendo poco a poco hasta que estuviesen total y completamente preparados para aceptar la existencia de la especie visitante.

Esta última parte resultó ser un poco problemática, pues nada impidió que a uno de los primeros humanos latentes se le volviese a hacer una reprogramación mental para que estuviese más tiempo sin conocer la verdad. Fue por ese motivo que se añadió una enmienda que prohibía a cualquier pollo volver a modificar la mente de un humano latente para obligarlo a olvidar aquello que hubiese descubierto.

A continuación se reconoció que debido a la particularidad de la situación humano-pollo en la Tierra, se procedería, a algo totalmente nuevo para ambas, la colaboración entre las dos especies para salvaguardar a los humanos no capacitados y latentes de diferentes amenazas de contra la tierra. Dicha colaboración se permitiría siempre que los humanos reconozcan a la especie de los pollos y los humanos capacitados estén dispuestos en colaborar por el bien común, no permitiendo que colaboren humanos catalogados  o reconcidos por los pollos, como “malos”, por muy capacitados que estuviesen.

Y por último, se añadió un epígrafe que tenía que ver con la omnipotencia y la capacidad prácticamente inequívoca de acción de los pollos, y que los humanos que ratificaron el pacto, tras presenciar su intervención en los acontecimientos que provocaron su revelación pública no dudaron en aceptar: “Cualquiera de estas reglas puede ser rota en caso de que se considere que el romperla será un beneficio mayor para la humanidad y los pollos habitantes de la tierra que si se llega a cumplir“.

Tras firmar este pacto se decidió que se daría a conocer a todo aquel humano capacitado o latente que hubiese eliminado todas sus barreras, en el presente o en el futuro.

Tomar la decisión y cerrar el pacto no fue demasiado difícil, pero sí el llevar a cabo la ejecución del mismo. Había que alterar las mentes de los humanos de manera individual en vez de manipularlas todas a la vez, como habían tenido que hacer en otros mundos donde ningún habitante estaba capacitado. Tardaron más de lo previsto, unos veinticinco minutos hasta completar el total de la población mundial, cuando de haberlo hecho de golpe les hubiese llevado escasos tres segundos.

Y allí estaba Josh, acusando a un pollo de haber utilizado la última regla del pacto para beneficio propio y no por el bien común de los seres habitantes de la tierra, incluidos los pollos.

The Pollo’s Fury [XII]: 3 – La diferencia entre un gallo y un pollo (III)

Josh entró solo en el recinto. El lugar estaba tranquilo y lleno de sombras, el sol había hecho un tímido acto de presencia al amanecer y las nubes cubrieron el resto de la mañana, evitando que entrase luz por las ventanas. Buscó cerca de la entrada el cuadro de la luz, una caja de madera adosada a la pared,  con unos cuantos antiguos interruptores de plástico dentro, llenos de polvo por falta de uso que encendían cada una de las hileras de lámparas que servían para alumbrar la nave. Levantó uno por uno cada uno de ellos  acompañando a la luz de las lámparas con un sonoro “clack”, poco a poco el edifico se fue iluminando, dejando ver con claridad los nidos vacíos.

No era la primera vez que había ido a aquella nave, y muy probablemente no sería la última, pero esta vez el asunto que le llevaba era bastante más grave que los anteriores. Las otras veces habían sido visitas rutinarias o a causa de algún caso en que necesitaba ayuda más específica, pero nunca por una intervención no permitida y en contra del pacto. Sabía cómo debía actuar, aunque al contrario que otras veces, esta vez no contaba con el apoyo de Maku, no resultaría fácil convencer sin ayuda a varios centenares de pollos de que uno de ellos había roto las reglas y estaba equivocado. Si un pollo rompe las reglas es por el bien de la mayoría de los individuos, indistintamente de su especie, pero esta vez, conociendo a Hirado, se podría llegar a suponer que había actuado de una manera egoísta.

Bajo los interruptores retiró una lona que tapaba una silla plegable de madera. La tomó y caminó cuidadosamente entre los nidos para acercarse a un vacío en el suelo cuya existencia no era casual. Desde aquel punto todos lo podrían observar desde todos los ángulos y no perderían ningún detalle de sus movimientos, era costumbre en su mundo el de realizar cualquier tipo de asamblea en torno a los expositores, para ellos no era de mala educación que aquel que habla les dé la espalda, se puede aprender mucho de aquello que la espalda dice de manera espontánea, a cualquiera le cuesta controlar las partes de su cuerpo que no es capaz de ver. Los pollos siempre han preferido ver la espalda espontánea de un enemigo que la cara alegre, pero falsa de un amigo.

No recordaba que hubiese tantos nidos, posiblemente habrían llegado más en los últimos meses y se habían acomodado allí. Una vez en el hueco, desplegó la silla y se sentó, relajado, tranquilo, con las manos colocadas sobre las piernas, esperando a que los habitantes diesen señales de vida.

La primera forma de vida que hizo acto de presencia fue una polilla perdida que pasó frente a él y se elevó por el aire vacío hasta la lámpara más cercana. Llevaba cinco minutos esperando alguna muestra de interés por parte de los inquilinos del lugar. Sabía que le estaban observando, sentía su presencia bajo el manto de invisibilidad que los protegía. Siempre había alguno de ellos guardando el lugar. Sintió una pequeña punzada en la sien, cualquier otro habría pensado que le estaba empezando un dolor de cabeza, sin embargo él se relajó y dejó que la mente ajena entrase en contacto con la suya. La invasión mental se retiró a los dos segundos tras comprobar su identidad y sus intenciones. Justo en ese momento la polilla se detuvo en su camino hacia la lámpara. No se quedó parada para decidir si seguir o ir hacia otra lámpara más limpia o más luminosa. Literalmente se detuvo, dejó de aletear, se quedó congelada en el aire, e incluso las motas de polvo que se vislumbraban a través del haz de luz de los focos se detuvieron.

Control selectivo de tiempo, una habilidad bastante peculiar. No es difícil detener el tiempo en todo el universo, hacer que todos los átomos y todas las partículas subatómicas,  de materia ordinaria, de materia oscura, energía, fotones… se detengan. El principal problema lo supuso la primera vez que se desarrolló dicho poder: Todo el universo se quedó varado en el tiempo, incluido aquel que desencadenó la parada, durante más o menos mil años, o puede que durante un segundo, nadie lo sabe con exactitud, porque todos los cronómetros se detuvieron a la misma vez y nunca se supo a ciencia cierta a cuánto equivalía el parón. A partir de entonces, y debido a la escasa utilidad que tenía la habilidad de detener a todas las cosas y volver a ponerlas en marcha a la vez, se desarrolló el control selectivo de tiempo, deteniendo todas las partículas del universo, excepto aquellas que se deseaban que se mantuviesen ajenas a dicho control. La principal pega era que había que ser muy cuidadoso a la hora de elegir las partículas, las primeras veces algunos pollos quedaron desplumados porque se olvidaron de poner en marcha sus propias plumas, pero con el tiempo se perfeccionó la habilidad hasta límites infinitesimales.

Habían accedido a su mente y habían detenido el tiempo, así que pronto aparecería alguno de ellos para recibirle. No fueron más que tres segundos los que tardó un pollo de plumas blancas con reflejos azulados y una línea de pequeñas plumas de color rojo intenso que le recorrían desde los ojos hasta el arranque las alas, en materializarse al salir del campo de invisibilidad. Su ojos de color naranja intenso se quedaron mirando fijamente al periodista.

-Deberías irte.

-¿Quién lo dice? – el hombre se inclinó para mirar más de cerca a su interlocutor.

-Lo dice Solo, poseedor de las habilidades de desmaterialización y teletransporte.

-¿Es una amenaza? – preguntó Josh extrañado

-No es una amenaza, es un hecho potencial en el futuro inmediato el que si no abandonas nuestro recinto te transportaremos fuera sin previo aviso.

A Josh no dejaba de impresionarle la habilidad para mofarse de sus interlocutores que poseían los pollos, aparte de su arrogancia natural a la hora de “hablar” y su prepotencia ante los enemigos, pues sabían bien que pocas especies les podían hacer correr peligro real.

-Necesito hablar con Hirado. Es sobre el hombre que llegó el otro día  a la nave, padece un Segundo Choque y no paraba de pronunciar su nombre.

-La forma de vida humana conocida como Pierre Sullivan, si no nos equivocamos… No, es imposible con un error despreciable que nos equivoquemos. Sí estuvo aquí, pero aún no estaba preparado.

-Eso lo sé, pero es un caso severo, está muy trastornado, y creo que Hirado le hizo algo a su mente para dejarlo así. – A  Josh le fastidiaba que hablasen en plural cuando estaban de acuerdo en algo y en singular cuando la decisión era del individuo. Al menos era un dato que le permitía saber cómo actuar frente a sus decisiones.

-Hirado expuso sus motivos al grupo,  el grupo los aceptó y los comprendió, así que se le permitió acceder a su mente y hacer ajustes.

-¿Ajustes? ¡Ni siquiera es capaz de coger un lápiz para escribir lo que pasó!  – Se levantó y se arrodilló, empezaba a mostrar enfado e impotencia ante lo inamovible de sus decisiones, miró fijamente a la criatura- Normalmente la gente lo escribe automáticamente sin darse cuenta y luego no lo puede leer, pero a él le daba pánico hasta intentar escribirlo.

-Los hechos y su estado están justificados. – Solo no se había movido en todo el tiempo, tan sólo había girado su cabeza alguna vez que otra para mirar a Josh desde otro ángulo.

-¿Justificados? – Se levantó y miró a toda la multitud invisible que sabía que lo rodeaba. Entonces respiró hondo, se tranquilizó y continuó – Entonces, es mi deber, como componente de la alianza de la forma de vida humana con la forma de vida de los pollos el formular una protesta formal en contra del individuo de vuestra raza conocido como Hirado y que habita en este lugar, por provocar una ruptura en el pacto con respecto al trato de las formas de vida humana con capacidad latente para conocer la verdad.

Solo aleteó y volvió su cabeza hacia un nido tras de él que dejó de estar vacío. Sobre el montón de paja empezó a aparecer la figura de un pollo negro azabache con reflejos de plata y una hilera de plumas azul cielo. Sus ojos, azules como hielo polar se fijaban alternativamente en Josh mientras se acercaba a él.

-Eres muy valiente para venir sin Maku a formular la acusación. Sigo opinando que la forma de vida humana conocida como Pierre Sullivan no estaba preparado.

The Pollo’s Fury [XI]: 3 – La diferencia entre un gallo y un pollo (II)

El universo es basto e inmenso, por no decir que lo es mucho o tal vez demasiado.  Aún no hemos terminado de contar todas las galaxias existentes. Precisamente nos hemos quedado en la cuatrocientos veinticincomil millones trescientos veintiúnmil quinientos veintidós, y esperamos seguir contándolas y clasificándolas después del descanso vacacional de la época invernal. Esperamos que no se desplacen demasiado rápido, vayamos a perder la cuenta y tengamos que volver a empezar a contarlas… por tercera vez.

Galaxias, enormes cúmulos en los que existen millones de estrellas, quásares, púlsares, agujeros negros, nebulosas, cometas, perritos calientes y pelotas de playa; alrededor de muchas de estas estrellas existen, además, planetas. Seres vivos  gigantescos de ciclo vital lento sobre los que el resto de formas de vida nos reproducimos y evolucionamos. Planetas, formas de vida tan masivas con las que aún no hemos podido entablar contacto y entendimiento, pues, su ciclo vital es tan lento, que desde hace tres mil kiris* se está haciendo la pregunta a nuestro planeta sobre su nombre real, y ya se han tenido que turnar más de dos mil de los nuestros para no detener la enunciación de la pregunta, y todavía vamos por la “te” de “¿cómo te llamas?”.

Pero no son los planetas los que nos interesan, sino las formas de vida que los habitan. Formas de vida vivas, formas de vida muertas, no vivas, no muertas, reales, bicúbicas o triangulares; diferentes entre sí y a veces totalmente incompatibles, pero con muchos puntos en común entre ellas, pues la totalidad de los individuos de cada una de las  especies del universo son homogéneas en inteligencia dentro de una misma casta o de la especie entera, al igual que su alineación moral con respecto a formas de vida diferentes, pero colaborativas entre sus propios individuos, por lo que solemos clasificarlos en especies “buenas”, “malas” y “neutrales” según lo dañinas que puedan ser para otras especies. No obstante, su nivel de inteligencia a veces puede ser un obstáculo para nuestra misión, pues hay especies cuya mente está preparada y acepta la visita y existencia de otras formas de vida desconocidas del espacio exterior, sin embargo, existen otras cuyo nivel no les permite aceptar la presencia de otras especies más allá de su mundo. Por eso, muy a nuestro pesar, en sus sociedades nos movemos entre las sombras, manipulando sus mentes y haciendo olvidar a aquellos que entran en contacto con nosotros… por su propio bien.

Sin embargo, existe un planeta peculiar, un planeta donde se ha desarrollado una forma de vida similar en apariencia a nosotros, pero mucho menos evolucionada intelectualmente, y  sin ningún tipo de habilidad excepcional. Curiosamente, en ese planeta, una de las palabras para denominar a la especie es “pollo”, la misma palabra con la que siempre nos hemos denominado a nosotros mismos. “Pollo” es el nombre que se le da a dicha forma de vida en un “idioma”, conocido en su mundo como “español”, y definimos “idioma” como el conjunto de normas se utilizan para dar significado a los pensamientos y poder transmitirlos a los demás cuando no se posee el don de la telepatía. Así, como sabemos, cada especie no telépata del universo tiene su propio idioma para comunicarse entre sus integrantes.

Sin embargo, este planeta donde también existen “pollos”, la especie que realmente domina el planeta y ha habitado todos sus rincones es extremadamente peculiar, pues, al contrario que el resto de formas de vida del universo y de nosotros mismos, cada individuo tiene su propio nivel de inteligencia y su propia alineación moral, siendo la única especie conocida que demuestra violencia entre individuos fuera de la temporada del rito de cortejo y apareamiento, y a su vez, pueden ser hostiles o amigables con respecto a otras formas de vida, independientemente de su capacidad mental. A su mismo tiempo, cada grupo de individuos tiene un “idioma” propio para comunicarse con el resto de los individuos de su grupo, incluso, dentro de un mismo grupo con el mismo idioma existen “sub-idiomas” o “dialectos” que los diferencian e incluso les hacen incapaces de comunicarse entre ellos si no llegan a un acuerdo de utilizar un “dialecto” de entendimiento común, y muchos de estos casos se dan entre individuos conocidos como “médicos” e “informáticos”.

La mayoría de estos idiomas permiten entablar comunicación mediante lo que muchos individuos denominan  “chillidos”, a veces apoyados por imágenes o por representaciones artísticas de los sonidos que transmiten. Dicha forma de vida, al contrario que nosotros, depende de la tecnología, y sus individuos son capaces de los actos más nobles, y de los actos más terribles, de poseer mentes brillantes o ser vergonzosamente estúpidos. Por eso, en su mundo tuvimos que tomar medidas especiales. Algunos individuos eran receptivos a nuestra presencia y nos aceptaban, y otros, a pesar de ser receptivos eran hostiles hacia nosotros, por lo que se tomó la decisión de unirnos con aquellos que demostraban ser nuestros aliados, a la vez que nos ocultábamos de los que nos rechazaban o simplemente eran incapaces de reconocer nuestra existencia.

Sin embargo a pesar de dichas peculiaridades, si hay una cosa que los distingue es su tenacidad, su capacidad de no darse por vencidos a pesar de la adversidad, de plantar cara a sus enemigos aunque no tengan posibilidad de vencer.

Por eso no nos extrañó su respuesta a los acontecimientos que ocurrieron unos dos años terrestres antes de que uno de ellos, una criatura de su especie, un  “humano”, conocido como Josh Wellinghton plantase cara a uno de nuestros hermanos más valiosos en su planeta a pesar de que sabía que tenía todas las de perder.


Un pollo cualquiera, sobre la raza humana

*Kiri: período de tiempo que abarca la duración de 500 días de 32 horas

The Pollo’s Fury [X]: 3 – La diferencia entre un gallo y un pollo (I)

Aunque aún era temprano y la ciudad no había despertado aún, Josh se encontraba de camino hacia la granja, a quince minutos de Santa Fé. Hacía tiempo que no hacía ninguna visita a sus moradores, y su única excusa era que el trabajo le había estado quitando bastante tiempo para pequeños hacer viajes de placer, aunque este fuese más bien por trabajo. Se suele considerar un hecho que cuando aumentan tus responsabilidades y no te puedes permitir esos momentos de placer y ocio, al final acabas dejándolos un poco a un lado y se acumulan en unas vacaciones de dos semanas o un mes a un destino tropical remoto. Josh y Julia odiaban eso, él último año había sido un poco ajetreado, pero querían volver a recuperar esos días de fin de semana perdidos en un pueblo, lejos de todo; visitar a los amigos y la familia; lo que ellos consideraban una vida de calidad.

El sol aún no había hecho acto de presencia, pero el cielo ya empezaba a clarear cuando llegó a la granja. Junto a la puerta se apreciaban las marcas que la grúa que había retirado el coche de Sullivan había dejado en el barro de la cuneta. Dejó el coche parado frente a la puerta y llamó al portero. Era temprano, pero a pesar de los medios modernos y la tecnología que se usaban en las granjas, se empezaba a trabajar pronto, antes que en la mayoría de los sitios, así que no dudaba de que alguien que estuviese despierto le contestaría. Mientras esperaba a una respuesta se entretuvo pasando la mirada por el cartel que se encontraba sobre los pilares de ladrillo que sujetaban la puerta. “Huevos y productos avícolas Vicente J. Fernández“. Un ruido de estática sonó en el altavoz del portero.

-¿Mande?

Esa pregunta-saludo resultaba inconfundible para Josh. Vicente, el propietario y explotador de la granja, un buen amigo, había contestado al telefonillo. Que fuese su viejo amigo el que le recibiese empezó por alegrarle la mañana.

-Necesito comprar huevos y carne de pollo para mi establecimiento.

-Perdone ¿Podría repetir?

-¡Vicente! ¡Soy Josh, vengo a hacerte una visita!

-¡Hombre! ¡Cuánto tiempo! ¡Ya me parecía a mí raro que alguien viniese preguntando por carne de pollo! Te abro.

El periodista volvió a su coche y esperó a que la oxidada puerta de hierro que daba acceso  a la granja se abriera. Se dirigió a una pequeña explanada junto a la casa de la familia que servía de aparcamiento. Hacía frío y casi había helado esa noche, aunque eso no era impedimento para que Vicente saliese a saludar en mangas de camisa a su amigo, que vestía una camisa, jersey y un abrigo de paño. El granjero era un hombre menudo y recio, de unos setenta años, con un frondoso bigote cano en la cara y una pequeña gorra para disimular los claros de pelo de su coronilla.

-¿Qué tal estás hombre? – La enorme y fuerte mano del hombre se encontró con la de Josh y le dio un fuerte apretón.

-¡Bien! Estupendamente, pero un poco liado.

-Vienes por lo del otro día ¿me equivoco?

-Me temo que no – la voz del visitante se cubrió de un tono sombrío – me gustaría hablar contigo un rato, y bueno… ya sabes… con ellos.

-Me parece que te estás buscando follones, pero bueno, tú sabes lo que haces – el hombre despidió una gran risotada y le encajó un sonoro palmetazo en la espalda – ¡Venga, pasa! Nos tomamos un café y mientras hablamos.

La casa familiar tendría unos ochenta años. Era enorme y todas las habitaciones eran amplias.  Había sido reformada unas cuantas veces a lo largo de su vida, unas veces para reparar daños y otras para hacerla más grande ampliando habitaciones o añadiendo alguna más. Había pertenecido al padre de Vicente, una casa donde se criaron él y otros siete hermanos. Vicente fue el único que siguió con la granja familiar, y él, su esposa y sus cinco hijos habían vivido allí mucho tiempo.  Ahora el recuerdo que quedaba de sus hijos eran las fotos que había por toda la casa, y las de sus familias y sus nietos, que venían a visitarle de vez en cuando. Ninguno de sus hijos había querido seguir con el negocio, pero eso no le preocupaba. Vicente se encontraba en plena forma y era fuerte, y en la situación en que se encontraba el mundo sabía que tarde o temprano alguien accedería a seguir con su legado aunque no fuese de su propia sangre.

-¡Isabel! ¡Mira quién ha venido!

Isabel era una mujer bajita a la que los años habían redondeado y su peno canoso, sus gafas metálicas, su mirada cariñosa y su amplia sonrisa la convertían en una abuela adorable.

-¡Josh! ¡Qué lindo! ¡Qué guapo estás! Ven aquí que te dé un beso – la mujer se acercó y le obligó a agacharse para darle dos sonoros en las mejillas mientras le sujetaba la cabeza.

-¡Hola! Encantado de volver a verte.

-Has venido por lo del hombre del otro día ¿verdad? ¡Anda, siéntate que os voy a preparar un desayuno de verdad!

Mientras Isabel se afanaba en preparar un café los dos hombres tomaron asiento en la mesa de la amplia cocina junto a una estufa eléctrica que daba calor a la habitación.

-Bueno, te voy a contar lo que sé hasta ahora – empezó el viejo – el hombre vino por la noche, de madrugada, según parece se coló saltando la verja cerca de la nave con la señal.

-¿No aparece en ninguna grabación de vigilancia?

-No, no ha salido en ninguna, parece que sabía lo que hacía y se coló en la nave de ellos. Luego lo encontramos por la mañana, tirado en el suelo llorando y diciendo que no estaba preparado y decía un nombre.

-¿Hirado?

-Hirado – el viejo asintió resoplando al mismo tiempo.

-¿Has hablado con él? ¿Te ha dicho algo?

-¡El desayuno!  – Isabel interrumpió la conversación colocando dos vasos de café y un par de tostadas con tomate y aceite sobre la mesa.

-¡Gracias! – Josh volvió la mirada a la anciana

-Comételo antes de que se enfríe. Los tomates son del invernadero. Estos están más buenos que los que compras en el supermercado.

-De acuerdo, me lo comeré todo ¿Has hablado con él? – Tomó la tostada y le dio un bocado mientras retomaba la conversación con Vicente. El tomate fresco en su punto exacto de maduración estaba exquisito.

-No, he ido a hablar con ellos pero no ha querido recibirme, ya sabes que es un cabezón y bastante áspero. He hablado con los demás, pero sólo me han dicho que Nulo le ayudó con algo de hacerse invisible, pero ya está. Lo demás lo hizo todo él. Dicen que tiene sus propios motivos y que los aceptan. Ya sabes cómo son sus normas. Yo no he conseguido nada.

-Tranquilo, no te preocupes, a pesar su manera de ser, se lo toman todo como un juego. Por eso estoy aquí, el hombre que encontrasteis padece un Segundo Choque bastante severo y quiero pedirle a Hirado que me ayude con el caso.

-¿Que te ayude? ¡Estás chalado! No creo que seas capaz de convencerle. ¿No tienes a..? ¿Cómo se llama? ¿Maku?

-Sí, pero está cerca de Rusia, y no ha aparecido después de que recibiese la noticia, así que no pierdo nada por intentarlo. Si no me ayuda creo que va a ser bastante difícil recuperar al hombre.

-Está bien, si es lo que quieres, hazlo.

Hicieron un ademán de levantarse que fue interrumpido por la anciana, que les instó a que se acabaran el desayuno antes de ir a la nave. No tenían prisa, así que obedecieron.

Al cabo de media hora se dirigieron hacia el edificio en el que había entrado Pierre unos días antes. En la puerta estaba pintada la marca del triángulo invertido con una cabeza de pollo. Esa marca que impide ver a la gente y acercarse a aquello que la lleva. Para Josh y para el matrimonio no era ningún tipo de problema. Los ancianos estaban acostumbrados a lidiar con los habitantes de aquella construcción a diario, pero a veces, sus peculiares decisiones chocaban un poco con la mentalidad de la pareja; habían aprendido a respetarlas, pero a veces necesitaban alguna explicación del porqué de sus acciones, tal y como había pasado en los últimos días tras la aparición de Pierre Sullivan, pero no habían sacado nada en claro.

Era el turno de Josh Wellington, un reconocido colaborador con su especie, que conocía perfectamente sus normas, su manera de pensar y que formaba parte activa de la cúpula combinada de las dos razas que se encargaba de vigilar las actividades sospechosas que se daban en el planeta para evitar que se produjese un evento como el que ocurrió dos años atrás.

The Pollo’s Fury [IX]: 2 – El hombre que olvidó su cumpleaños (II)

La casa de la familia Wellington se encontraba en un barrio cerca de las afueras. En aquella zona los dueños disfrutaban de amplias parcelas en las que se habían construido grandes casas familiares con piscina junto a un enorme espacio ajardinado. La gente de la zona vivía cómoda y tranquilamente, ajenas al ruido y al barullo del centro de la ciudad, sin embargo, vivir allí tenía un precio y la mayoría de las familias del barrio estaban casadas con el banco por cincuenta años, gracias a las desmesuradas hipotecas que tenían pendientes. No era el caso de la familia de Josh, que, con un poco de suerte tendría su casa pagada en solo quince años.

Tardaron veinte minutos en llegar a la residencia. Veinte minutos en los que los cabezas de familia no dijeron nada. La sombra que se cernía sobre su memoria se hacía cada vez más oscura y estaban impacientes por llegar para despejar sus dudas.

Organizaron rápidamente la compra y dejaron a las niñas viendo una película de dibujos. Era la manera más fácil de entretenerlas, aunque no estaban muy de acuerdo en que la televisión reemplazara el tiempo de educación de sus hijas. El primer lugar en el que decidieron buscar fue en el despacho de Josh.

-Miremos por las estanterías. ¿De qué color era el libro?

-Amarillo con letras rojas. Debería ser fácil de encontrar entre los tuyos.

Una por una examinaron las estanterías, pero no lo encontraron. Decidieron entonces tomar los libros y sacarlos uno a uno de sus estantes para comprobar que no se encontrase escondido detrás de alguno de ellos. La búsqueda no tuvo ningún resultado. Siguieron buscando en los armarios en los cajones y en el escritorio, en ninguno de esos lugares se encontraba el susodicho relato.

-Aquí no está. ¿Y si no me lo diste?

-¡Ah! – La cara de Julia se iluminó y sonrió un momento. Alzó su mano con un dedo levantado que se detuvo cerca de su cara. – Espera un momento tengo que mirar en mi escondite.

Su mujer salió corriendo del despacho y se perdió durante cinco minutos. Mientras esperaba, Josh empezó a colocar de nuevo los libros en su lugar, y ya de paso consideró que podría reorganizarlos un poco, siempre que entraba un libro nuevo en su biblioteca lo colocaba en el primer hueco en el cupiese, sin preocuparse mucho en si se podía organizar de mejor manera.

Al cabo del rato llegó Julia con un regalo en la mano. El papel que lo envolvía daba la impresión de haber sido roto y abierto y luego haber sido vuelto a pegar, estaba arrugado y había tiras de celofán por todo el envoltorio.

-¡Mira! Aquí está. Está envuelto en el mismo papel que le puse, pero parece como si lo hubiesen abierto y luego envuelto de nuevo.

-Esto empieza a ser muy raro, una cosa es que no me lo dieses y otra que después de tenerlo lo hubiésemos escondido de nuevo.

-Bueno ¿A qué esperas? ¡Ábrelo!

El periodista cogió el paquete y lo abrió como si fuera un niño pequeño con sus regalos de navidad. Bajo el papel se ocultaba un libro antiguo, con una vetusta, pero bien conservada tapa amarilla, en cuyas letras rojas impresas se podía leer claramente: “Dracula by Bram Stoker“. Abrió el libro, bajo la tapa encontró dos sobres blancos cerrados. En uno estaba escrito, con la letra más exquisita de su mujer, “Para mi amor“, mientras que en el otro sobre, con una letra fácilmente identificable, la suya propia, se podía leer “¿has olvidado algo?“.

Un poco confuso soltó el libro sobre su escritorio y cogió el primer sobre y dejó el otro encima de la obra. Se notaba que el sobre de su mujer ya había sido abierto anteriormente, la solapa se encontraba despegada y metida dentro de la carta, alrededor del cierre había restos de papel de la parte interior de la solapa, y, cuando la desplegó hacia fuera, pudo comprobar que en algunas partes el papel estaba algo deteriorado al haberse abierto la primera vez.

-Para el maestro de los misterios y lo desconocido. Espero que este regalo te haga recuperar el ánimo y la inspiración para tu querido proyecto. Tu mujer que te ama. Julia – Decía la carta, tal y como la acababa de leer Josh.

-¿Qué te parece?

-¡Vaya! – Volvió a tomar el libro de la mesa y empezó a hojear. Es algo increíble, es una de las primeras ediciones del libro de terror más mítico de la historia. La verdad es que no sé qué decir. Voy a tener que superarme mucho para tu cumpleaños.

Ella se acercó a él y le besó dulcemente en los labios.

-¡No hace falta! Con todo lo que haces ya me basta.

Ella le pasó los brazos por los hombros y se miraron a los ojos. Josh sabía que era una mentira de esas que se dicen por quedar bien y que como había dicho, tendría que superarse mucho en el regalo del próximo cumpleaños de su esposa.

-Ahora parece que tenemos que abrir el próximo sobre ¿Qué crees que habrá?

Julia se quedó un momento pensativa.

-No sé… ¿Una empanada?

Los dos se echaron a reír. El nerviosismo por la extrañeza de la situación era notable, y la pequeña broma permitió que se relajasen un poco. Josh cogió la segunda carta y miró la parte delantera. En ella sólo estaba escrita con su letra la frase “¿has olivdado algo?“. Dio la vuelta al sobre y comprobó que se encontraba perfectamente cerrado y sin ninguna marca de haber intentado o haber sido abierto. Quedaba patente que alguien había vuelto a esconder el regalo y con él había puesto la segunda misiva.

Josh tomó un cortaplumas de su escritorio y lo deslizó con cuidado por el borde del sobre para no dañar su interior. Volcó la carta sobre su mano y de ella cayó un folio doblado. Con mucho cuidado procedió a desplegarlo y leer su contenido, que sin ninguna duda había sido escrito por él, o por alguien que era capaz de imitar su caligrafía de una manera excepcional.

“Si has encontrado esta carta es porque has olvidado lo que ocurrió en tu cumpleaños, o tal vez haya sido casualidad, aunque espero que sea lo primero. Si no crees que lo hayas olvidado, intenta recordarlo, porque verás que es cierto que no lo recuerdas. De todos modos, y por si acaso, te digo que has olvidado tu cumpleaños, si es que eres Josh Wellington, es decir, si es que eres yo.

Te parecerá raro encontrar esta carta para decirte que has olvidado algo que está claro que sabías antes. No, no soy del futuro. Soy Josh Wellington, tu yo de una semana después del cumpleaños en el que recibiste la edición de 1900 de “Drácula”. Y sí, fuimos nosotros, Julia y yo los que devolvimos el regalo a su escondite (no, aún no lo he descubierto, se conoce todos los rincones de la casa y no hay manera de pillarla) con esta nota para ti y todos tus conocidos que puedan verse afectados.

Voy a ir al grano: No te puedo decir por qué no recuerdas tu cumpleaños ni lo que pasó durante esos días, pero confía en mí, yo soy tú y no deseo ningún mal para ti.  Nadie, excepto muy pocas personas en el mundo recuerdan qué es lo que pasó en las fechas próximas a tu cumpleaños. Otras personas, como tú, se darán cuenta de que no recuerdan nada, y otras, la gran mayoría, ni siquiera notarán que lo han olvidado. No te preocupes por estos últimos, es mejor que estén así, ya que nunca conseguirán recordar nada, porque ellos NO ESTÁN PREPARADOS. No olvides esto. NO INTENTES FORZARLOS. De todas formas, cuando resuelvas el misterio sabrás de lo que hablo.

Tienes que encontrar a más gente que se dé cuenta que no recuerdan lo que pasó en esos días. Ellos, al igual que tú y tu familia, o la gente del equipo de La Guarida podrán conocer los hechos y vivir con ellos, y si no los recuerdan  ahora es porque NO ESTABAN PREPARADOS, por lo que tienen que andar un camino de descubrimiento hasta conseguir recordar y asimilar lo sucedido. Sin embargo, hay obstáculos que no os permitirán que la búsqueda sea fácil, aún cuando esos obstáculos se encuentran a simple vista. Lo primero que debes hacer es no tirar esta carta, porque en ella hay más de lo que puedes ver ahora mismo. Luego, ponte en contacto con el equipo y pregúntales por esos días en blanco. Después, recopilad información en torno a esos días, ya sea personal o general. No obviéis nada, porque habrá cosas que no veréis de primera hora.

Por último, intenta buscar a la gente que sí recuerda los hechos, pero ten cuidado, su comportamiento te parecerá errático y extraño. No os preocupéis por ellos, los que tienen un problema serio sois los que sabéis que habéis olvidado algo. No olvides que hay pistas que se encuentran a la vista, que habrá datos que no descubras de primeras y sobre todo, TEN LA MENTE ABIERTA A TODO, piensa de manera creativa para desvelar el misterio, no es el mundo el que falla. LAS QUE FALLAN, SON VUESTRAS MENTES, PORQUE AÚN NO ESTAIS PREPARADOS.

Un saludo, y buena suerte. Espero que puedas volver a recordarme.

Josh Wellington.

Los dos se quedaron mirando con cara de estupefacción. Lo último que esperaban era un mensaje de sí mismo escrito en el pasado para decirle que en el futuro iba a olvidar su propio cumpleaños.

The Pollo’s Fury [VIII]: 2 – El hombre que olvidó su cumpleaños (I)

Hacía casi dos años, “La Guarida del Hombre lobo” acababa de terminar su cuarta temporada con cotas de mínima audiencia e iban a renovar por una quinta y muy probablemente última temporada, si las audiencias no remontaban o se mantenían. El programa había empezado como un espacio para explicar y desmontar o demostrar sucesos extraños y paranormales de manera científica. Las dos primeras temporadas del programa habían tenido una gran acogida y unos niveles de espectadores increíbles a pesar de su horario de emisión a las doce de la noche del domingo. Sin embargo, a lo largo de la tercera y cuartas temporadas la falta de originalidad en la búsqueda de casos y la exposición de sucesos semejantes a otros ya investigados hizo que el público fuese perdiendo el interés por el espacio, consiguiendo cada semana cotas más bajas de espectadores. Por suerte, su alta cota inicial de audiencia permitió que, a pesar de la abrupta bajada a lo largo de los dos años siguientes, se mantuviese como un programa rentable y de interés, pero no podían permitirse seguir bajando, tenían que encontrar casos que resultasen interesantes al público general o cambiar el formato del programa, convirtiéndolo en una producción más sensacionalista, que impactase en el público, aún a costa de dejar de mostrar la verdad detrás de los eventos contados y ensombrecerlos con dudas, como solían hacer el resto de programas sobre lo paranormal. A Josh Wellington, director y presentador del espacio no le agradaba prostituir la integridad del programa que tanto esfuerzo le había costado sacar a la luz. No le quedaba otra: o encontraba casos interesantes para el público que le permitiesen remontar los niveles de audiencia, o el programa desaparecería tras su quinta temporada.

En aquel momento Josh y su equipo se encontraban preparando los detalles de los casos que iban a mostrar en la que posiblemente era su última etapa. Ciertamente no se encontraban muy contentos con el material que habían conseguido: Un programa sobre el yeti, cuando ya había hecho otro sobre el sasquatch; otro sobre la posibilidad de vida en otros planetas del sistema solar, habiendo tenido en la primera temporada uno sobre las lunas de Júpiter y Marte; sucesos como combustión espontánea, telequinesis,  telepatía, que ya habían demostrado anteriormente su falsedad; y aún les quedaba por definir unos cuantos temas más para completar la temporada. La cosa no pintaba bien, ya habían recurrido muchas veces a tratar casos de criptozoología, pseudociencias, planos astrales, ufología… si no encontraban un tema que de verdad fuese interesante, muy difícil de explicar y que incluso pudiesen tratarlo a lo largo de toda la temporada, manteniendo en vilo a sus espectadores de una semana para otra, aunque fuese en una sección del programa dedicada en exclusiva al caso, no conseguirían pasar del quinto año de emisión.

Por suerte, o por desgracia, fue providente que Josh reparara en un curioso detalle uno de esos días en que hacía la compra semanal con toda su familia,: su mujer, Julia y sus dos hijas, Marta y Laura.

-¡Josh! ¡Josh!  ¡Saca la tarjeta!

-¿Eh? Sí, perdona.

Josh buscó la tarjeta de crédito en su cartera y se la pasó a la cajera. Se encontraban en caja, a punto de pagar la compra, llevaban el carrito lleno hasta arriba y habían gastado unos ciento cincuenta euros en comida y productos de limpieza, que encarecían la factura. Marta, la hija mayor no superaba los ocho años y Laura contaba con cinco. Su energía y sus ganas de estar siempre jugando hacían imposible que pudiesen tener la misma ropa un día entero, en casa siempre había que poner una lavadora cada dos días.

-Cariño ¿estás bien? Te veo un poco ido últimamente.

-Sí, bueno, estaba pensando en el programa, ya sabes que la cosa no pinta bien.

-¡Tranquilo! – ella le acarició el brazo – a verás que todo sale bien – y le besó en la mejilla.

Aún cuando llevaban casi diez años casados, el matrimonio no había perdido esa chispa que existe cuando se encuentran en plenas nupcias. Josh siempre había sido un hombre inquieto al que le gustaba sorprender a la gente y eso también contaba en el matrimonio, si no, no hubiese  creado “La Guarida del Hombre Lobo” y se hubiese quedado con un puesto de periodista o reportero que solamente tiene que ir a dónde le digan para dar la noticia de turno o copiar el teletipo recién llegado a la redacción para publicarlo en su columna correspondiente. Por otro lado, Julia era profesora de educación infantil y estar todo el día con niños pequeños, con tanta vitalidad, energía y alegría le hacía estar siempre de buen humor, a pesar de que el trabajo fuese agotador.

La cajera devolvió la tarjeta y tomaron el carrito en dirección al acceso a los aparcamientos. Mientras la familia caminaba entre la multitud, con aquel carro cargado hasta los topes, la pequeña Marta dio unos tirones de la manga de su padre para llamar la atención.

-¡Papá! ¡Papá!

-¡Dime, princesita!

Ese era el apelativo cariñoso que utilizaba para llamar a sus hijas. A ellas les encatanba. Cada vez que su padre las llamaba así una nota de rubor acudía a sus mejillas y una sonrisita inocente afloraba en su rostro.

-¿Podemos ir a ver los juguetes?

Momentáneamente se quedó confuso, sus hijas nunca habían sido caprichosas y sabían que, a pesar de la situación económica de la familia, bastante desahogada, no se les permitían caprichos, a no ser que estuviesen próximas las fechas de navidad o de su cumpleaños, fechas en las que sus padres hacían sentirse a las niñas realmente especiales, con fiestas, regalos, y alguna que otra sorpresa inesperada. Que su hija le hubiese pedido ir a ver los juguetes solamente quería decir que ya sabía lo que quería y se lo iba a enseñar a sus padres, para que, el día de su cumpleaños, misteriosamente, el regalo que sus padres hubiesen elegido para ella fuera precisamente lo que ella deseaba.

Josh miró a su esposa con una sonrisa cómplice que fue devuelta de inmediato.

-¡Bueno! Mamá no dice nada pero parece que no le molesta. ¿Vamos?

El periodista desvió la trayectoria del carro y se dirigieron a la tienda de juguetes. La tienda tenía un enorme escaparate en el que se encontraban colocados con mucha delicadeza y esmero los juguetes más nuevos que había creado la industria en el último año, así como algunos juguetes clásicos que nunca pasan de moda.

-Mira papá ¿has visto esa muñeca de allí? – Dijeo la pequeña mientras señalaba una de las estanterías

-Sí cariño ¡Es  muy bonita! ¿Qué hace?

-Es una muñeca doctora, que cuida a los niños y a los viejitos enfermos.

-¿Doctora? ¿Y qué pasa? ¿solamente cuida a los niños y a los viejitos? ¿A los papás y a las mamás no los cuida?

La pequeña se ruborizó y se abrazó a la pierna de su padre. El comentario le había hecho gracia y había demostrado de nuevo, que por muy listos que sean los hijos, los padres siempre tienen más experiencia en la vida que ellos y están ahí para darles consejos.

-A los papás y a las mamás también. Pero yo no quiero que mis papás se pongan malos, yo los quiero mucho.

-¡Venga! – Josh cogió a la pequeña – ¡Entonces te perdono! Y esa muñeca doctora… estaría bien que la invitásemos a tu fiesta de cumpleaños. ¿No? ¿Cuanto falta?

-Es el doce de octubre.

-¡Ah! ¿Sí?

-Doce de octubre, ¡Qué mayor estás ya! – Aludió Julia acercándose a su hija para besarla en la mejilla- Ya mismo nueve añitos. Te faltan tres semanas y habrá que hacer invitaciones para los amigos del colegio. Ésta tarde empezamos a planearlo ¿Vale?

La pequeña miró a su madre y asintió efusivamente. El cumpleaños y la navidad eran las fiestas que más ansiaban las pequeñas.

Retomaron su camino y se dirigieron al aparcamiento en busca del coche. Mientras cargaban las bolsas en el maletero a Josh le pareció que algo no empezaba a cuadrar. Su cumpleaños era a mediados de agosto, pero por alguna extraña razón…

-Cariño ¿Tú te acuerdas de lo que hemos hecho este año en mi cumpleaños?

-¿Qué? -  Julia se encontraba ocupada acomodando a las niñas en sus sillas mientras Josh guardaba la compra.

-Que si te acuerdas de lo que hemos hecho este año en mi cumpleaños.

-¿Que si me acuerdo? ¿No íbamos a hacer una fiesta romana en la piscina?

-Sí, pero ¿la hicimos? Sé que lo planeamos, pero ahora mismo no me acuerdo de haberla hecho.

Julia terminó de asegurar a las niñas y se dirigió a la parte de atrás del coche. Su rostro reflejaba una duda muy severa.

-Cari ¿Estás seguro?

-Aham

-Es que ahora que lo dices… yo tampoco me acuerdo de haberla hecho. ¿No te regalé una edición de 1900 de Drácula de Bram Stoker?

-¿Me ibas a regalar eso? ¡Te debe haber costado una pequeña fortuna!

-Bueno, en realidad me tuve que conformar con la de 1900, la primera edición sí que valía una fortuna - Su mujer se sonrojó

-¡Vaya! No debería haber olvidado un regalo así…

-El problema es que yo tampoco me acuerdo de eso. Tengo la sensación de que ha pasado, o al menos haberlo planeado, pero no recuerdo haberlo hecho.

La pareja se quedó mirándose fijamente, buceando en sus propios recuerdos para compartirlos con el otro, pero por mucho que lo intentaron nada surgió. Sabían que habían planeado cosas, pero no que las hubiesen hecho.

-Creo que será mejor que lo comprobemos cuando lleguemos a casa, supongo que habrá alguna foto y el libro debe estar en algún sitio.

Julia afirmó suavemente con su cabeza. Subieron al coche y se dirigieron a su casa. Aún no se imaginaba las implicaciones de su descubrimiento, pero acababa de encontrar el caso que convertiría “La Guarida del Hombre Lobo” en el mejor programa de investigación de sucesos paranormales que se recordaba… y algo más.

The Pollo’s Fury [VII]: 1- Segundo Choque (IV)

Pierre Sullivan, así recordaba llamarse.  Eran muchas las cosas de las que no se acordaba o de las que estaba seguro de que fueran ciertas, sin embargo, la fuerza con la que había aparecido el nombre en su mente le hacía sentir que el recuerdo de su propia identidad era real. Quizás ese era el primer paso para recuperarse y conocer qué le había pasado.

-Está bien, Pierre – El periodista sacudió su mano completando el saludo con el hombre – encantado de conocerte.

Se soltaron y Josh volvió a coger el bolígrafo y acercó el montón de folios a Pierre.

-Está bien – continuó, retomando el tema – hemos descubierto que no eres capaz de decir en voz alta parte de lo que te ha pasado, pero vamos a comprobar si eres capaz de escribir. ¿Recuerdas cómo se escribe?

-Escribir es eso que se hace cuando te duele la vejiga ¿verdad? – Pierre había recordado su nombre, y la seguridad no había desaparecido de su cara, sin embargo seguía manteniendo la mirada fija en su interlocutor y la confusión en el resto de conceptos seguía patente.

-No, más bien digamos que es pintar sonidos que luego otra gente es capaz de reproducir con solo ver lo que hay dibujado.

-¡Ah, eso! Pensé que eso era lasaña.

Josh se encontraba desubicado. Normalmente el estado de confusión del individuo en un Segundo Choque no solía ser tan grave, así que decidió explicar de manera lo más sencilla posible los términos a pesar de seguir intentando utilizar el método de la escritura, otras veces había conseguido algún que otro resultado favorable.

-¡Vale! – levantó el bolígrafo – esto es un bolígrafo, y sirve para escribir, es decir, dibujar las palabras. Intenta pintar con la punta fina las palabras que me has dicho en esos papeles. Espero que recuerdes cómo se escriben las palabras.

-Sí.

Josh dudó un momento, tal vez fuera una pérdida de tiempo, pero decidió hacer antes algo que solía funcionar. Cogió uno de los folios y  lo partió en cuatro partes, escribió una serie de palabras en cada uno de ellos y los dobló hasta que se convirtieron en pequeños cuadraditos. Luego los mezcló en sus manos cerradas y los soltó sobre la mesa.

-Antes de eso vamos a ver si es verdad. Coge cada uno de los papeles y lee lo que pone en cada uno de ellos.

El interno cogió uno de los cuadraditos y lo desdobló. Lo giró y le dió la vuelta. El periodista levantó una media sonrisa. Puede ser que sí recordara al menos cómo se leía, estaba intentando buscar la posición correcta para poder entender el escrito.

-Bellota supersónica irritable – Pierre mostró el papel y se lo pasó a Josh, había acertado, cogió el siguiente.

-Abeja asesina luminosa- Josh asintió cuando le mostró el papel.

-Asterisco borracho peleón- es lo que ponía en el siguiente trozo de hoja.

-The Fury- ponía el cuarto y último.

La satisfacción llenó al periodista. Al menos tenía una herramienta que le podía ayudar a mejorar al hombre, aunque también descubrió algo más sobre la gravedad del caso actual. En el último papel no ponía “The Fury”, sino “The pollo’s Fury”, era un pequeño truco que solía utilizar, le servía para comprobar si mencionar algo sobre los pollos o sobre la misma palabra hacía recobrar el sentido al sujeto. Alguna vez había visto caras confusas, gente que se había esforzado al darse cuenta que había algo entre las palabras que se le escapaba, pero en este caso, Pierre ni siquiera se había percatado de que en el papel había tres palabras como en todos los demás y que él sólo había leído dos.

Así que decidió pasar al siguiente punto.

- Está bien. ¡Toma! – Le pasó el bolígrafo al hombre. Escribe en ese folio lo que le dijiste a los hombres que te recogieron.

Muy felizmente y de buena gana Pierre tomó el bolígrafo y empezó a escribir, recordó el detalle de que debía utilizar la punta fina del instrumento para hacer los dibujos de las palabras y al apretar empezó a salir la tinta que pintó su frase:

“No estoy preparado, tengo que alejar mis dudas                                                                          Hirado”

Un enorme hueco en blanco se quedó dentro de la sentencia. Tampoco había sido capaz de escribir aquello que no pronunció. Viendo el resultado, Josh se levantó y se colocó junto al hombre. Le tomó de la mano y apretó el bolígrafo contra el papel, permitiendo a su vez que Pierre pudiese mover el bolígrafo por el folio, pero sin levantarlo un milímetro del mismo.

-Otra vez, escríbelo otra vez.

El interno volvió a empezar a escribir, pero cuando terminó la palabra “dudas” paró en seco. Intentó hacer fuerza para levantar la mano del papel, pero el periodista no le dejaba. Pierre empezó a ponerse nervioso y a respirar agitadamente, el sudor le bajaba por la frente.

-¡No! – dijo asustado

-No ¿qué? – preguntó Josh, sorprendido por la reacción

-¡No puedo! ¡No estoy preparado! – unas lágrimas se escurrieron de los ojos del internado – ¡déjeme!

-¡Puedes hacerlo, confía en mí! ¡Si eres capaz de escribirlo podrás recordar mejor!

Pierre asintió. Intentó esforzarse más en escribir sin poder separar el bolígrafo del papel. Se esforzó durante un minuto, quizás dos, pero su mano se negaba a avanzar, le temblaba y el sudor le recorría la cara, que a cada momento se le estaba poniendo más roja y su respiración se volvía más agitada.

Al cabo del rato soltó el bolígrafo, apoyó su cabeza sobre la mesa y empezó a llorar.  Josh dejó el bolígrafo también y le dio unas palmadas  a Pierre para intentar reconfortarlo. No había visto nunca una reacción así en un Segundo Choque. El hombre tenía un problema grave.

-Dejémoslo por hoy, volveré dentro de uno o dos días a ver si podemos avanzar un poco más. No te preocupes, te voy a ayudar. – Dijo con voz queda

Pierre no se movió, solamente siguió llorando. El periodista cogió sus cosas y salió de la habitación. Fuera estaba Robert esperando.

-¿Qué tal ha ido?

-Fatal, está muy mal, no es un caso normal, creo que hay algo más.

-¿Qué vas a hacer entonces?

-Tengo que mover un par de cables. Volveré en uno par de días, espero tener más suerte la próxima vez. Tenlo vigilado y visítalo frecuentemente a ver si eres capaz de hacer que recuerde algo y que se sienta menos confuso, prueba a introducir elementos marcados y déjalos por la habitación, menciona también alguna palabra restringida a ver si empieza a reaccionar. Por cierto, se llama Pierre Sullivan, a ver si eres capaz de averiguar algo sobre él que nos pueda ser útil. Podrías llamar a alguien de aquí cerca para que te eche una mano, no quiero que se quede mucho tiempo solo.

-Está bien, ve sin cuidado – Estas fueron las palabras de despedida de Robert mientras estrechaba la mano de su amigo.

Cuando Josh salió del hospital había dejado de llover y era de noche,  conocía un hostal cerca que estaba bien cuidado y donde solía haber camas libres. Iba a tener que quedarse por la zona unos días. La travesía hasta el hostal fue tranquila, había bastantes habitaciones disponibles, por lo que llevó las cosas a su habitación y salió a comer algo a un restaurante chino que se encontraba cerca. Le encantaba cómo cocinaban allí los tallarines con bambú.

Ya tarde, cuando estaba en la cama a punto de dormir empezó a pensar en el caso que se le había presentado. Éste el Segundo Choque más duro que se había encontrado. Normalmente un Segundo Choque se encuentra en estado de shock y confusión, pero cuando se consigue hacerle recordar algún dato importante, tal como su nombre, poco a poco la confusión pasa a mostrar el olvido sobre los datos que el individuo ha descubierto sobre los pollos y su relación con la marca. Un Segundo Choque es lo que se denomina al shock que produce el encuentro con un pollo sin estar aún preparado para ello, otra vez. Normalmente basta con la presencia de un pollo para que el sujeto sufra el shock si su mente no está predispuesta para el mismo, sin embargo, no pasa esto con un gallo o una gallina, ni siquiera con una cría, porque un pollo no tiene nada que ver con estos animales.

Usualmente con tres o cuatro visitas el estado del sujeto suele mejorar y está preparado para su encuentro final con uno pollo, pero según el estado de Pierre esta vez parecía que Hirado había puesto algo de su parte para aumentar el impacto del choque, por lo que necesitaría ayuda de alguien como Maku, que por desgracia estaba en el extranjero.

Aunque tal vez, sólo tal vez, se dijo Josh,  si consiguiese convencer a Hirado, el causante del choque, de que le ayudase, todo le sería más fácil. Lástima que Hirado fuese un cascarrabias prepotente y solitario.

No tenía ninguna opción mejor. Debería ir a la granja. Pero ya se había hecho tarde, iría por la mañana. Los Segundos Choques eran difíciles, pero más sorprendentes eran aún los casos de aquellos que se presentaban un día de repente en su oficina diciendo que lo sabían todo y lo habían descubierto ellos por su cuenta, incluso que habían entablado contacto con un pollo, tal y como le pasó a él hacía veinte meses. Él fue uno de los primeros hombres que descubrió la marca y todo lo que se ocultaba detrás de ella.