The pollo’s Fury [VI] : 1 – Segundo Choque (III)

“¿Dónde estoy? Creo que es una habitación, de eso no hay duda. Estoy sentado en una silla. ¿Es una silla o un taburete? Tiene que ser una silla, porque tiene respaldo. ¿Seguro que tiene? Si me echo para atrás… si me echo para atrás… tendré que echarme para atrás para comprobarlo.

Me estoy echando para atrás.

No me caigo, hay algo aquí a mi espalda que no me deja caerme. ¿Será la pared? Giraré la cabeza para ver si hay una pared. No, no la hay. Entonces estoy sentado en un asiento con respaldo. Estoy sentado en una silla.

¿Y esto que tengo aquí enfrente? Es cuadrado y tiene patas ¿Es una maceta? No, una maceta vuela y tiene pico. ¿O es un rinoceronte? Ahora no lo sé.

¿Seguro que no lo sé?

Puede que lo sepa, pero no sé si lo sé o no lo sé. ¿Qué sé entonces?

Sé que estoy en una habitación. ¿Dónde está la habitación? Supongo que en un edificio. Pero aunque sólo fuese la habitación y fuera no hubiese más edificio, la habitación misma sería un edificio.

No sé dónde está el edificio. Recuerdo que me trajeron y me pusieron esta cantimplora. ¿De dónde me trajeron y quién me trajo? Un momento, no se llama cantimplora, se llama pijama y sigo sin saber quién me trajo. Eran unos hombres con unos desatascadores de color blanco. ¿Seguro que eran desatascadores? También había una fregona con luces en el techo. ¿Fregona? No, furgoneta. Las luces eran bonitas, eran de color naranja y daban vueltas. Lo que no me gustaba era el sonido que hacía, era muy agudo y me hacía daño en los oídos.

Vale, unos hombres de blanco en una furgoneta me han traído. ¿De dónde? No lo recuerdo bien. Hacía frío y estaba mojado. Mojado pero no empapado. ¿Habré dormido en la calle? No sé, recuerdo el olor a algo del campo. ¿Flautas? ¿A qué huelen las flautas? ¿O las flautas son comida? Recuerdo cosas, pero no sé qué son esas cosas o cómo se llaman ¿De verdad que esto se llama habitación y he estado en un sitio que se llama campo?

¿Y antes? ¿Qué pasó antes? ¿Por qué estaba en ese sitio?

¡Eh! ¿Qué ha sido eso? ¿Ha sido un golpe? Ha sonado cerca, no lo esperaba. ¿Qué hago? ¿Doy un salto de impresión? Sí, es lo mejor, se supone que es la respuesta adecuada ¿Es la respuesta adecuada? Creo que sí. Entonces daré un respingo de la impresión.

Ya lo he dado. Ahora ¿qué?

¡Cago en… ! He perdido el hilo de lo que pensaba. ¡Ah! Sí ¿Por qué estaba en el campo? No recuerdo gran cosa de antes de despertarme. ¿Cómo llegué? ¿Fui en mi tostadora? ¿O me llevó alguien? ¿Se llama tostadora?

¿Por qué me viene a la cabeza la palabra “Hirado”?

¿Y eso? De repente ha aparecido un gato frente a mí que no he visto llegar. No, espera, no es un gato, es una persona. Pero ha aparecido de repente. No lo he visto aparecer. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Las personas aparecen de repente y sin avisar, de la nada? No, yo no puedo hacerlo. ¿O si puedo? No lo recuerdo, pero estaría bien ser capaz de hacerlo. Pero como no lo sé y no me lo esperaba ¿debería asustarme? Yo lo haría. Y claro, yo soy yo, de eso no hay duda, aunque con lo emancipado que estoy no si eso es verdad. No emancipado no, confuso creo que se dice. Bueno, no sé dónde estoy ni por qué estoy aquí. Me asustaré”

Al ver aparecer de repente a Josh el hombre se asustó, se echó hacia atrás y se calló junto con la silla, dándose un golpe  en la espalda.

O más bien deberíamos decir que cuando los sentidos del hombre dejaron de ignorar a Josh porque había guardado su identificación con el símbolo éste se sorprendió de que estuviese frente a él sin previo aviso y decidió asustarse.

Al ver la respuesta del hombre Josh se levantó y procedió a ayudarle a incorporarse de nuevo y a sentarse en su silla.

Una vez se hubieron sentado empezó con las presentaciones.

-¡Hola! Me llamo Josh Wellington. ¿Qué tal? – Josh alargó su mano con firmeza y seguridad, a la vez que reflejaba una nota amable en su gesto para que el hombre se la estrechara sin temor.
El hombre dudó un poco al ver la mano del extraño que se le acababa de aparecer. Finalmente decidió que el gesto no era hostil, y acercó su cara hacia la palma de la mano del desconocido y restregó suavemente su rostro contra ella.

-¡Vale! Veo que al menos no me consideras un enemigo – Josh echó su mano atrás y la dejó en reposo sobre la mesa. No se extrañaba de su comportamiento, otros Segundos Choques habían tenido síntomas de confusión bastante claros.

El interno dejó de mirar a la pared y se quedó mirando fijamente al recién llegado. Sus ojos no hicieron ningún movimiento que mostrara intención de reconocer o escrutar al repentino invitado. Simplemente se quedaron fijos en él.

“Me gusta el chile picante. Al menos, eso creo.”

Viendo que no hacía ningún movimiento, Josh decidió intentar entablar una conversación con él.

-¡Hola! ¿Cómo te llamas? Yo soy Josh Wellington. He venido a verte.

“¿Qué son las fresas?”

El individuo seguía con la mirada fija en Josh, sin moverse y sobre todo, sin responder.

-Me han dicho que te han encontrado esta mañana en el campo, tirado en el suelo.

Los ojos del interno se centraron en la boca de Josh. Se inclinó hacia adelante y le dio un beso en los labios. Luego sonrió, soltó una risa infantil y se volvió a sentar en su silla, volviendo a dejar la mirada fija en el rostro de su interlocutor.

-Campo. Estaba frío. ¿Se dice así? No me acuerdo si se dice así o no – El rostro del hombre se relajó y sus ojos adopataron un gesto incrédulo, a pesar de que seguía mirando fijamente a Josh. Realmente estaba confuso.

El periodista aún estaba perplejo por la reacción del hombre. Nunca antes un Segundo Choque le había besado en los labios. Esto sin duda era obra de un mente poderosa y algo antisocial. Encajaba en el perfil de Hirado.

-¡Sí! Es más o menos así. Se dice “hacía frío” en vez de “estaba frío”. No te preocupes, poco a poco volverás a hablar correctamente.

-¿Qué me ha volado?

-”¿Qué me ha volado?” – repitió el visitante con tono escéptico – ¡Vaya! – una sonrisa se escapó de la boca de Josh – Creo que no es eso lo que quieres decir. ¿No será… “qué me ha pasado”?

El hombre inclinó la cabeza varias veces en gesto afirmativo.

-Te encuentras en una especie estado de shock. Más concretamente lo llamamos “Segundo Choque”. ¿Lo entiendes?

Esta vez el hombre sacudió la cabeza para indicar que no sabía lo que quería decir.

-Verás – Josh suspiró y se reclinó hacia el afectado, deslizando despacio sus manos hacia él- Esta mañana han recibido una llamada en el hospital, diciendo que estabas en el campo, tirado en el suelo y que cuando te preguntaban qué había pasado empezabas a hablar y llegaba un momento en qué movías los labios pero no hablabas. ¿Es verdad?

El hombre volvió a sacudir la cabeza para indicar su disconformidad.

-No. Yo hablo y digo todo, lo que pasa es que nadie me oye.

-¿Tú también lo oyes? – El periodista se reclinó un poco más hacia el hombre hospitalizado, intentando llegar con su mirada hasta dentro de la mente del hombre. Por desagracia, Josh era un hombre normal, sin poderes psíquicos. Los humanos no tienen esa clase de capacidades.

Un atisbo de duda se reflejó en la cara del enfermo. Parecía que Josh había empezado a tocar en el resorte adecuado.

-No… no lo oigo. Pero seguro que lo digo.

-¿Y si no lo oyes… no pudiera ser que aunque lo dijeses no quieres decir las palabras en voz alta? ¿Que lo dijeses tan bajo que ni siquiera tú puedas oírlo?

El hombre volvió a sacudir la cabeza afirmativamente, pero más despacio que las otras veces. La duda estaba sembrada.

-¡Vale! – prosiguió Josh – ¿Puedes recordar qué es lo que le has dicho a los hombres que te han recogido esta mañana y a los otros que te han visitado hoy?

El hombre volvió sacudir la cabeza de forma afirmativa, centró su mirada en la del periodista y comenzó.

-¡No estoy preparado, tengo que alejar mis dudas!

La boca del hombre siguió moviéndose y dejó de emitir sonido alguno. Robert estaba en lo cierto, no es que no se le oyese, es que él no hablaba, seguía moviendo los labios sin abrirlos demasiado, igual que cuando se recita una oración, pero no pronunciaba nada. El visitante esperó a que terminase.

-… Hirado – terminó diciendo.

-¿Ves? Has seguido hablando, pero sólo has dicho en voz alta: “no estoy preparado, tengo que alejar mis dudas” y luego has terminado con la palabra “Hirado”. El resto del rato has tenido los labios muy apretados y no se ha oído nada. ¿Te has dado cuenta?

-¡Sí!  – la palabra se le escapó despacio de los labios, dudosa, más que afirmando.

-¡Vale! Esto es un comienzo. Espera un momento.

Cogió su maletín y lo abrió. Buscó en su interior y sacó unos cuantos folios blancos y un bolígrafo. Dejó los folios frente al hombre y levantó el bolígrafo.

-Verás… ¡Vaya! ¡Ni siquiera sé como te llamas! – una sonrisa de sorpresa invadió a Josh, dejó el bolígrafo en la mesa y extendió su mano derecha para volver a saludar al hombre – Yo me llamo Josh Wellington, puedes llamarme Josh. ¿Sabes cómo te llamas tú?

El hombre se quedó perplejo. De las personas que lo habían visitado ninguna le había preguntado aún por su nombre. No estaba seguro de cómo se pronunciaba. La palabra “Hirado” volvía a la cabeza, pero estaba seguro de que no era esa. Tenía que buscar su nombre.

De inmediato la seguridad se instaló en su rostro. Extendió su mano y estrechó la de Josh.

-Me llamo Pierre Sullivan.

The pollo’s Fury [V] : 1 – Segundo Choque (II)

La única vía de transporte que llegaba a Santa Fe era la carretera. Cuatro horas de camino lo separaban de la redacción. Mientras conducía, Josh no sabía decidir si era más engorroso conducir cuatro horas por la autovía o tomar un tren hasta la ciudad con estación más cercana y luego pagar a un taxi; además, había empezado a llover. Odiaba conducir con la carretera mojada, el asfalto se volvía peligroso y se veía menos, pero, por suerte, aún era media tarde y había algo de luz. Podía haber pedido ayuda a alguno de los colaboradores para hacerle el viaje más fácil, pero en esos momentos todos se encontraban ocupados investigando algún caso. De todas maneras, aunque alguno estuviera disponible sólo hubiese necesitado la ayuda de Maku, pero aún así hubiese tenido que conducir y no consideraba adecuado malgastar los recursos del programa sólo para permitirle hacer el viaje más cómodo.

Solo había parado en el camino en una gasolinera para comprar un sándwich en cuya etiqueta se podía leer que era de cangrejo, pero que más bien resultó ser una masa informe de pan de molde húmedo con algo de lechuga remojada en una salsa rosada en su interior. Cuando llegó a Santa Fe eran las cinco de la tarde. El hospital se encontraba en las afueras de la ciudad, en un paraje tranquilo, rodeado de un inmenso parque de césped verde bordeado por un pequeño bosque de pinos.

Frente al edificio de tres alas estaba el pequeño aparcamiento para los visitantes, separado por una sencilla vaya del parking de los trabajadores.  Una vez que hubo detenido el coche, tomó el maletín que había dejado en el asiento de atrás. Lo abrió y cogió una identificación de dentro y se la colgó al cuello. Salió del coche y se encaminó corriendo hacia la puerta de la residencia para intentar mojarse lo menos posible, todavía seguía lloviendo.

Cuando llegó a la puerta, el lugar todavía se encontraba abierto a las visitas. Se sacudió suavemente el agua de la cazadora y abrió la puerta. Entró en el edificio y se acercó a la recepción. En vez de ir hacia el mostrador, se sentó en una de las sillas a la espera de su contacto.

No tardó mucho tiempo en aparecer por uno de los pasillos. Un hombre grueso, de unos cuarenta años, se acercaba caminando. Era pelirrojo, con el pelo corto peinado con la raya al medio y gafas de pasta de color negro. Vestía unos pantalones de pinza grises con una camisa azul claro, todo ello cubierto por su bata de médico que llevaba abierta sobre la ropa. Prendida en el bolsillo de la bata colgaba su identificación personal. En ella estaba escrito que se llamaba Robert Duval, principalmente porque ése era nombre.

-¡Eh! ¡Josh! ¡Cuánto tiempo! – Saludó levantando la voz a pesar de que no había nadie más en la sala

-¡Hola Robert! – Josh se levantó mientras extendía su mano para saludar a su antiguo conocido.

-Te has dado prisa. No te esperaba hasta mañana ¿Vamos?

Ambos se dirigieron al pasillo por el que había llegado Robert.

-Normalmente hubiese esperado a mañana – afirmó Josh – pero según me han dicho, Hirado anda detrás de este caso.

-Sí, parece que es el responsable. No para de decir ese nombre. El hombre está más afectado que el resto de casos de Segundo Choque con los que me he topado.

Llegaron a una puerta custodiada por unos guardias de seguridad. Normalmente los guardias requerían la identificación de los visitantes, pero a Josh le dejaron pasar. Era de esperar, pues nadie, excepto Robert se había dado cuenta de su presencia en el hospital. Es lo que ocurre cuanto tu identificación lleva el símbolo del triángulo invertido con la cabeza de pollo impresa.

Robert ya había descubierto hacía tiempo la existencia del símbolo y no tenía ningún problema en ver todo aquello que estaba marcado.  Es más, sabía de la implicación de Josh en todo el asunto y participaba activamente ayudando a su gente.

-En este caso es normal ¿No te han contado nunca nada sobre Hirado? Lo normal es que tu compañero te hubiese referido algo. A propósito – hizo una pequeña pausa – ¿No estará por aquí? Necesito un poco de ayuda para este caso, pero Maku está fuera en una investigación.

-No, Yao está el Gobi, se ofreció voluntario para investigar unos avistamientos sobre el desierto. Partió hace un mes.

-¡Cierto! Hace algo más de un mes recibimos también unos informes de avistamientos. Parece que hay mucha actividad en Asia últimamente. Pero no sabía que había ido como voluntario.

Siguieron caminando por el pasillo hasta llegar a la habitación más segura del edifico. La puerta era de madera, no tenía pestillos, cerraduras, ni cierres electrónicos, ni siquiera un guardia apostado ante ella, solamente una cadenita en la parte que daba al pasillo para que el paciente no fuese capaz de salir de su habitación, y por supuesto, el símbolo del triángulo invertido con la cabeza de pollo pintado sobre ella. Nadie la encontraría o se atrevería a entrar a no ser que estuviese capacitado para ello, y solamente había dos individuos en el hospital que lo estuviesen, Robert y Yao.

-¡Bueno, ya estamos! – Informó el médico cuando se pararon junto a la puerta – ¿Listo?

-Solo necesito saber su estado. ¿Es muy grave?

-Sólo lo que le he contado a tus ayudantes. Empieza a hablar y cuando llega a la parte importante, sigue moviendo los labios y no emite palabra alguna. También ha olvidado lo que hizo antes de que lo encontrásemos. Nos llamaron por la mañana, estaba en la granja, tirado en mitad de un camino.

-Espera, espera – el periodista movió sus manos como si intentase detener a alguien a quien está ayudando a aparcar – ¿No puedes escuchar lo que dice?

-¡No! – Robert se exaltó un poco – ¡Te estoy diciendo que él no puede pronunciar las palabras, es capaz de articular, pero su cabeza se queda bloqueada y no puede decirnos lo que quiere! – entonces relajó un poco su tono – Es más, tengo dudas de que cada vez que le pasa sea capaz de darse cuenta de lo que está haciendo.

Josh resopló
- Es posible que no podamos recuperarlo sin ayuda, Hirado es muy duro. Voy a tantearlo. Me parece que voy a tener que venir más veces de la cuenta.

Corrió la cadena de la puerta y entró a la habitación. El habitáculo era amplio y estaba amueblado con un pequeño armario, una cama y una mesa de madera con dos sillas. Por una ventana enrejada se colaba la luz de las otras habitaciones que daban al mismo patio que la estancia en la que se encontraba.

Junto a la mesa, sentado en una silla, había un hombre de unos treinta años, moreno, de complexión atlética, tenía el pelo largo y desaliñado. Vestía con el pijama del hospital, tenía los brazos cruzados sobre la mesa y su mirada se perdía más allá de la pared frente a la que se encontraba.

Josh se sentó en la otra silla, frente al nuevo inquilino del hospital.

-¡Hola!

El hombre se quedó quieto, no se movió, ni siquiera desvió su mirada para ver al desconocido que acababa de llegar.

-¿Hola? – Josh movió la mano saludando al paciente. Viendo que no obtenía ninguna respuesta golpeó la mesa repentinamente para asustarlo – ¿Hola?

El hombre pegó un pequeño respingo de su silla, pero no se dignó a mirar a su visitante. El golpe lo había sobresaltado, pero nada más allá. Por lo visto el  Segundo Choque le había afectado más de lo normal, debía haber llegado a recordar bastante y superar el condicionamiento para llegar hasta donde había llegado. Pero Hirado era muy peligroso.

Para esta visita no le quedaba más opción. Debería quitarse su identificación si quería que el hombre le hiciese caso.

The pollo’s Fury [IV]: 1 – Segundo Choque (I)

-Josh, hay que ir pensando en el decorado de la próxima temporada. LLevamos dos años con el set del castillo abandonado. Podríamos hacer algo así como una cueva, con tapices y pergaminos en las paredes, antorchas, y librerías de madera vieja. Estaría bastante bien ¿No te parece?

-AhamJosh se encontraba hojeando unos papeles.

-Por cierto, me han dicho que tu madre se contaminó con residuos radiactivos, le salieron garras y se comió al repartidor del supermercado.

-Aham

-¿No me estás haciendo caso? – Peter, uno de los ayudantes de producción, dio un palmetazo en la mesa para hacer salir de su trance a Josh, el presentador y director del programa que seguía mirando los documentos.

-¿Qué? – Josh levantó la mirada y dejó las hojas a un lado  – Perdona, estaba mirando estos papeles. Parece que ha habido algún avistamiento en Rusia.

“La guarida del Hombre Lobo” era un programa que llevaba varios años en antena. Hace dos años estuvo a punto de ser retirado, pero una nueva empresa productora se hizo cargo del mismo y las audiencias volvieron a subir, llegando a convertirse en el espacio más visto de las noches del domingo, incluso fue necesario cambiar su horario de doce de la noche hasta las diez debido a las demandas que los televidentes para que se emitiese a una hora más apropiada para evitar trasnochar, a pesar de que hubo espectadores que no estaban de acuerdo en que un programa de esas características se pasase a ese horario, el programa ya contaba con emisiones grabadas que se podían ver a través de internet a cualquier día y  hora, así que el disgusto  de algunos por el pase del espacio a esa hora se hizo notar.

La Guarida del Hombre Lobo era una programa que se dedicaba a la búsqueda de fenómenos paranormales, un programa de dos horas dedicado a la investigación más exhaustiva desde el lado científico de fenómenos inexplicados, como loas apariciones de fantasmas, desapariciones en extrañas circunstancias, avistamientos de objetos voladores no identificados, legado de culturas antiguas, documentos de extraño contenido u objetos que no deberían existir o poseían tecnología muy avanzada para su tiempo, incluso para el nuestro.

Josh Wellington era el director y presentador del programa desde sus inicios, suya fue la idea de realizar un programa que aplicase la metodología científica a descubrir la realidad que se ocultaba detrás de estos fenómenos extraños. Hasta su fecha todos los programas de este tipo se habían limitado a mostrar los casos y “asustar” a la gente más sensible con este tipo de temas sin desvelar ningún misterio, sino todo lo contrario, haciendo más confusos los casos, planteando más dudas y alejándose de la realidad cada vez más. Sin embargo, en La Guarida del Hombre Lobo se exponían todos estos casos y luego se procedía a realizar una investigación exhaustiva a lo largo del tiempo que fuese necesario hasta encontrar la causa real de los fenómenos. Hasta ahora, y después de tantos años los casos que seguían sin una sólida explicación racional se podían contar con los dedos de una mano.

-Te estaba diciendo que deberíamos renovar el decorado para la próxima temporada, el año que viene es el séptimo aniversario y deberíamos pensar en cambiar el decorado. Te recuerdo que el número siete es un número sagrado en muchas culturas, y por el tipo de contenido que utilizamos no estaría mal dedicarle un programa especial, aparte, claro está, de renovar el set y hacer algo original. Llevamos dos años con el mismo castillo, y estaba pensando que quizás estaría bien decorarlo como una cueva, un escondite secreto, con tapices, muebles de madera gruesa, antorchas, pergaminos en las paredes, con elementos que podríamos variar de un programa a otro, para hacerlo más dinámico y fresco, ya me entiendes.

-No me parece mala idea… a ver… – Josh se reclinó sobre su silla para despejar un poco su mente – hemos tenido la cabaña en el bosque, sala de la nave espacial, la pirámide y el castillo. La verdad es que no me parece mal, sería un cambio bastante de agradecer. ¿Hay algún boceto de otra propuesta o solo habéis pensado en ese?

-Por ahora no hay ninguno más. -Peter se inclinó un poco hacia su interlocutor- Hemos estado dándole vueltas a alguna que otra idea, como el Nautilus, La Atlántida, una base lunar y un almacén militar de “objetos  que no existen”, pero por ahora nos parece más adecuada la cueva.

-Sí, me gusta ese aire de “estar oculto en medio de ningún sitio” que le puede dar, aunque lo del Nautilus podría estar bastante curioso – Adelantó su cuerpo y se apoyó sobre la mesa- ¿Recuerdas esa película en que aparecía el Nautilus con un estilo gótico, con mucha molduras y bastante recargado?

Ah, sí, la recuerdo! -Peter se reclinó hacia atrás y un aire de confianza invadió su cuerpo – Pero hacer el decorado tan cargado distraería la atención de y de los invitados, quizás podríamos utilizar ese estilo en los márgenes, por arriba, por abajo y por los lados y dejar la parte de atrás  más despejada.

-¿Qué te parece un enorme vidriera que de al mar? Podríamos colocar una pantalla detrás para simular diferentes ubicaciones, como navegando en aguas tropicales entre peces de colores, en zonas abisales con animales bioluminosos o quizás a nivel de superficie, que pudiéramos ver una isla a lo lejos, con bandadas de pterodáctilos y pájaros prehistóricos, por ejemplo.

-La verdad es que no me parece mal, utilizando ese ventanal podemos darle mucho juego. Si utilizásemos esa técnica en la cueva quizás podríamos hacer una oquedad natural y poner un castillo al fondo, haciendo como si estuviésemos encima de una colina, y podríamos cambiar el vídeo para que simulase diferentes horas y épocas del año o algún evento, no se, como la invasión del castillo.

-Bueno, pues propónselo a los chicos y haced algunos bocetos de las dos ideas a ver con cuál nos quedamos ¿Te parece bien?

-¡Estupendo! Cuando hay varios opciones es más fácil elegir la buena que cuando solo nos tenemos que conformar con una. Por cierto ¿qué es lo que te tenía tan distraido antes?

Ah! ¿Esto? – Cogió el puñado de papeles que tenía junto a él – Unos documentos de unos avistamientos en cielo ruso.

-¿Se sabe qué puede ser?

-Todavía no, Rusia tiene un territorio muy grande y la mayor parte está deshabitado o tiene muy malas comunicaciones, no sabemos gran cosa, excepto que en el último mes ha habido varios avistamientos de objetos en formación en un radio de mil kilómetros.

-Bueno, habría que mandar a alguien a investigar – La cara de Peter pasó a tener un pequeño aire de preocupación.

-Los chicos están en ello, Maku se ha encargado de dirigirlos, esto no le da muy buena espina.

-¡Vaya! ¿Maku? Hacia tiempo que no salía a investigar algún caso. Me temo que puede ser algo importante.

-Por desgracia, yo también lo creo – Su tono se volvió serio  y los dedos de sus manos se entrecruzaron en un gesto de gravedad – espero que envíe noticias pronto.

En ese momento dos golpes sonaron en la puerta del despacho y ésta se abrió. La cabeza rubia de una atractiva joven se dejó asomar por el resquicio.

-¡Josh! Acaban de llamar a la redacción. Tenemos a otro, acaban de ingresarlo en la residencia mental de Santa Fe.

-¿Otro? Hacía tiempo que no encontrábamos a nadie. ¿Qué se sabe?

-Parece que se trata de un Segundo Choque.

-¡Vaya! ¿Se sabe algo más? ¿Hombre? ¿Mujer? ¿Tipo de educación?

-No mucho, hombre de mediana edad. Estaba en estado de shock cuando lo encontraron. Los síntomas de siempre, los médicos dicen que no es capaz de completar las frases, que empieza a hablar y de repente deja de emitir sonido alguno a pesar de que sigue moviendo los labios y señala lugares y objetos con cara de pánico.

-Lo que se dice un segundo choque en toda regla – Una pequeña sonrisa se le escapó – ¿Algún nombre que podamos investigar?

-Tal vez – la muchacha siguió hablando -en la llamada también mencionaban otra palabra que repite continuamente, quizá sea el nombre.

-¿Cuál?

-Hirado.

En ese momento Josh Wellington retiró su silla de la mesa y se levantó de forma brusca, su cara había borrado aquella sonrisita de segundos antes y un velo de seriedad y premura pasó a ocuparla, abrió una puerta lateral de su despacho que daba a otra estancia donde almacenaba diversos artefactos y documentos antiguos que había estado acumulando con el transcurso de los años. Se acercó a  un transportín que se encontraba tapado por un grueso pañuelo estampado. Levantó uno de los picos del pañuelo para ver el interior de la caja de transporte.

Era de esperar. La caja se encontraba vacía.

Aún así tendría que ir. No era bueno que fuese solo cuando se trataba de un Segundo Choque, y menos aún si Hirado se encontraba por medio.

Salió de la habitación y cogió  su cartera y su abrigo del perchero. Peter y la muchacha se encontraban ya fuera del despacho. Cuando salió a la redacción su cara de preocupación era notable.

-Debías haber empezado por el nombre, espero que no tengamos complicaciones para recuperarlo – Dijo en voz alta a la joven señalándola con su dedo mientras recorría la oficina y salía en busca de su coche. Ya había conocido varios Segundos Choques, pero que fuese a causa de Hirado le preocupaba bastante, y más aún si ahora mismo no podía contar con la ayuda de Maku.

The pollo’s Fury [0]- Primera Portada

Bueno, ya tengo escrito algo de la historia, pero para hacer las cosas bonitas y en su correcto orden, no quería empezar a publicar entradas sin tener aunque sea una primera portada para darle algo de seriedad al proyecto. No soy diseñador 2D, lo mío es el 3D y el retoque, así que he hecho una portada que por ahora me parece correcta, y que refleja un elemento importante a lo largo de la historia: El símbolo del triángulo invertido con la cabeza de pollo en su interior. Por cierto, si alguien quiere colaborar y hacer una portada más “cuca” para la historia, no dude enviármelo a la dirección que aparece en la página “Acerca de”.

Muchas gracias, la historia empieza próximamente.

Versión 2.0

Bienvenidos de nuevo al blog. Después de un montón de tiempo sin actualizar, teniéndolo dedicado a recopilar chorraditas de internet y alguna que otra invención rara, lo retomo y hacemos borrón y cuenta nueva para publicar aquí las historias que he querido escribir y compartir con todo el mundo. Empezaremos con “The pollo’s Fury”, pero continuaré con otras historias que tengo esbozadas en mis apuntes personales.

¡Un saludo a todos y bienvenidos de nuevo!